Carlos Suárez: «El turista ayahuasquero ha reconducido su fe de los espíritus a las moléculas de la ayahuasca»

Periodista, fotógrafo y antropólogo, Carlos Suárez es uno de los mejores conocedores occidentales de la realidad de la selva amazónica. Suárez lleva siete años viviendo en Leticia, capital del Amazonas colombiano, a unas horas en barco de Iquitos, epicentro del turismo ayahuasquero.

La visión de Suárez dista mucho del discurso idealizado y etnocéntrico (desde el punto de vista blanco, por descontado) del mundo ayahuasquero. En su ponencia ‘Reciprocidad e impacto del turismo de la ayahuasca’, en la pasada World Ayahuasca Conference, Suárez desmontó el edificio de la “medicina tradicional” amazónica, ladrillo a ladrillo: «Hay una verdadera obsesión con “lo tradicional” en el mundo de la ayahuasca, y no sólo entre los neófitos, sino también entre la gente que se dedica a esto, como los centros de ayahuasca que trabajan en Iquitos. Creo que esa fijación por lo tradicional tiene que ver con que lo “tradicional” se asocia a lo “legítimo”. Sin embargo, la palabra “tradición” es una trampa. El curanderismo ayahuasquero que se practica en el Ucayali, en el Marañón, en Iquitos y en el Alto Amazonas es un sistema heterodoxo, muy creativo y en perpetua evolución».

Precisamente, es por esta heterodoxia que el autor de ‘Ayahuasca, Iquitos y monstruo voraz’ prefiere hablar de “tratamientos locales” en lugar de “tratamientos tradicionales”, siendo estos últimos los que ofrecen los centros de retiros dirigidos a los foráneos. La diferencia entre uno y otro es sustancial, según Suárez: «En el sistema local, la ayahuasca es la herramienta del curandero para conectarse con el mundo de los espíritus, recibir la información y recibir los cantos para favorecer la sanación. Es decir, en estas ceremonias los pacientes rara vez toman ayahuasca, especialmente si están enfermos».

En el modelo “tradicional”, entendido como el “nuevo modelo” que impera en los centros ayahuasqueros, «la toma de ayahuasca por el paciente es fundamental e imprescindible», según Suárez: «Nadie viaja a Iquitos y paga mil dólares por una semana para sentarse y que le canten. La fe se reconduce del mundo de los espíritus a las moléculas de la ayahuasca, una fe tal que, por cierto, lleva a tomar seis veces en diez días, una frecuencia insólita en el contexto local».

El acercamiento a la ayahuasca por parte de los locales y los extranjeros es bien diferente, explicó Suárez. Los primeros toman la planta «para botar el estómago o limpiar malas energías… no es casualidad que a la ayahuasca se le conozca como “la purga”». En el caso de los visitantes, la intención es muy diferente: «Los visitantes, especialmente los primerizos, llegan con la obsesión de la visión».

Pero la visión no siempre llega. Según Suárez, «muchos de los visitantes que vienen a los albergues de Iquitos esperan tener visiones de colores como las de Pablo Amaringo y, en lugar de eso, pasan una noche oscura y nauseabunda».

Esta disonancia entre expectativas y resultados hunde sus raíces en la obsesión con el DMT, a decir del ponente: «Si buscas en la literatura científica verás que los IMAO de la ayahuasca sólo sirven para activar el DMT de la chacruna. Esto es contradice la práctica local, donde la ayahuasca [la liana] es la clave. No en vano, en Colombia y en Perú, el yagé y la ayahuasca se utilizan indistintamente para nombrar la liana y el remedio, con o sin chacruna».

Sostenibilidad medioambiental

Carlos Suárez dedicó los últimos minutos de su intervención a rebatir los datos expuestos anteriormente por Chris Kilham [enlace al artículo “No hay escasez de ayahuasca en la selva peruana”]: «Llevo desde 2013 investigando el impacto medioambiental del turismo ayahuasquero en Iquitos y mi conclusión es que la ayahuasca ha sido erradicada de amplias áreas de la selva amazónica en torno a Iquitos. El precio de la liana se ha multiplicado por cuatro o por cinco en este plazo y ha habido una evidente disminución de la calidad de la materia prima. No es que lo diga yo, es que lo dicen ellos».

Más información sobre el trabajo de Carlos Suárez Álvarez en ‘Ayahuasca, Iquitos y monstruo voraz’. Imagen tomada del citado libro del autor.

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