¿Quiénes son los ‘doctores’ que acuden a las ceremonias de ayahuasca?

Un relato habitual entre los asistentes a ceremonias de ayahuasca es la sensación, a veces incluso física, de que en algún momento de la noche, han aparecido unos ‘doctores’ que practican una suerte de ‘cirugía espiritual o energética’, sanando enfermedades -físicas o psíquicas- y cauterizando heridas emocionales. Según los testimonios, estos ‘doctores’ tienen la apariencia de seres incorpóreos pero antropomorfos, pertenecientes a un reino espiritual. Hay también quien se refiere a ellos como “ángeles”.

Los ‘doctores’ forman parte de la cosmovisión vegetalista amazónica, muy prolija en la metáfora. El ‘doctor’ que acude a curar el enfermo sería entonces la representación simbólica de la planta maestra, tanto la ayahuasca como la plétora de plantas medicinales que dietan los curanderos durante su formación.

A continuación reproduzco la descripción que hizo de estos ‘doctores’ un participante de una reciente ceremonia de ayahuasca en Ibiza, dirigida por Nak Cano, a la sazón, presidente de la Plantaforma. El informante es Lorenzo, un italiano de 50 años que tomaba ayahuasca por segunda vez, tras una única experiencia ocho años atrás, con el mismo curandero.

Estos párrafos son un pequeño extracto de una larga carta de 9 páginas recapitulando una ceremonia repleta de momentos cumbre:

«(…) Me percato entonces de hasta qué punto he llegado a la ceremonia profundamente herido y enfermo, abatido. Descorazonado. Solo la sombra de lo que realmente soy. Me doy cuenta que esta vez a diferencia que hace años, la ceremonia es para mi profundamente terapéutica y medicinal. Estoy tendido en una mesa de operaciones, envuelto en una burbuja de suero transparente que me mantiene a salvo durante la larga y delicada intervención. Mis doctores artrópodos me abren el pecho con gestos lentos y seguros y los veo trastear en mi pecho, extraen mi corazón que tiene la vaga forma de estos antiguos grifos de latón de cuerpo redondo, amarillo y verde de óxido por el largo uso y incrustado de cal en muchas partes. Una cosa pequeña, vieja y en mal estado, evidentemente inadecuada al constante trabajo que debe aguantar. Está para tirar. Y así lo hacen. Luego, algo parece enquistado a mi cuerpo por el tórax, como si fuera un cálculo duro, blanco y arrugado, áspero. Mis doctores tiran pero el cálculo se resiste, hasta que, con cierto esfuerzo, se consigue erradicar. El terrón trae consigo largos filamentos rojos que se desenhebran del interior de mi cuerpo, donde obstruían parásitos mi sistema circulatorio. Me siento igual que el Dios del río en la película ‘El viaje de Chihiro’ de Miyazaki, cuando la niña, mientras lava el dios en su baño de hierbas, empieza a tirar de un viejo manillar de bici y después de un gran esfuerzo, toda la porquería tirada por los hombres en el río sale detrás de la vieja bicicleta».

Tuve la ocasión de hablar con Lorenzo antes y después de aquella ceremonia en Ibiza. Al finalizar, su rostro y su actitud habían cambiado. Me contó superficialmente lo que más tarde me compartió por escrito: la intervención de los ‘doctores-artrópodos’ y la referencia cinéfila a ‘El viaje de Chihiro’. Curiosa y sincrónicamente, yo tuve una sensación muy parecida, con la misma escena de la misma película de Miyazaki años atrás, también en una ceremonia de ayahuasca. Igual que Lorenzo, yo también he sentido en otras ocasiones (no en esta en particular) la presencia de ‘cirujanos energéticos’ que curaban mis heridas durante el trabajo con ayahuasca.

La opinión de los expertos

¿Quiénes son esos doctores que nos visitan al trabajar con la ayahuasca y otras plantas maestras? Traslado la pregunta a dos experimentados curanderos, con décadas de experiencia y centenares de ceremonias a sus espaldas: Andrés Orgalla y Claudio Kutzwor, de Hermanosis.

Andrés se formó con la maestra Ynes Sánchez de la etnia shipibo, lleva varios años levantando su propio centro de terapias en Brasil y últimamente trabaja con el Temple of the Way of Light, uno de los centros de retiros más renombrados del Amazonas peruano. Andrés aprovecha un breve viaje a Iquitos para responderme mis mensajes de WhatsApp:

«Para mí los doctores no tienen que ver con una mediumnidad, no es un espíritu… Para mí, lo importante es la dieta. Si tú dietaste una planta que es una doctora -puede ser la ayauma, marrosa…-, durante la dieta se atrapa esa vibración de la planta. Luego, durante la ceremonia, esa vibración puede venir en el canto. Eso es el doctor: la dieta que el maestro hizo. Si no hay dieta, no hay doctor».

¿A qué se debe entonces la representación antropomórfica (o “artropomórfica”, en este caso) que atribuimos a esos doctores?

Según Orgalla, «lo que hace ayahuasca y, por eso es un potente alucinógeno, hace que podamos ‘ver’ el sonido. ¿Y qué vemos? Una alucinación que tiene que ver con tus arquetipos. ¿Qué es una operación? Una intervención sobre una vibración. Pongamos que tu tristeza es una vibración y la vibración del ikaro produce una curación. La manera más lógica es que ‘veas’ que alguien te está curando y este ser antropomórfico… somos nosotros los que humanizamos las plantas porque cómo podemos hablar de una inteligencia o de un ser. Podemos así decir que “esta planta es celosa”, pero lo que estaremos diciendo es que no es bueno mezclar esa planta con otra a nivel contraindicación, ella necesita trabajar sola».

Claudio Kutzwor, miembro de Hermanosis, también destaca la importancia de la dieta para que intervengan a esos ‘doctores’.

En sus palabras:

«Cada curandero tiene su cosmos y de acuerdo al nivel de conciencia del director de la ceremonia, van a entrar en juego los recursos de sanación, los médicos de este director. Los doctores que acuden a la ceremonia pertenecen al trabajo y a los merecimientos del curandero que invoca a la sanación. Cada uno de nosotros tiene su equipo médico, su equipo quirúrgico, sus enfermeros… yo lo relaciono con que el ‘staff’ del hospital va de la mano de las dietas que tiene hechas el curandero, de las plantas que tiene incorporadas y de la energía que él es capaz de llamar para que venga a sanar. Esas energías son las que tiene instaladas en su cuerpo y las llama para que hagan su trabajo. Creo que la disposición a que se abra el hospital depende mucho del tipo de noche que sea, no siempre se da esta situación, no siempre se abre el hospital».

Otro elocuente testimonio sobre los ‘doctores’ de la ayahuasca (y la Santa María) es el de Josep Vila, tal y como aparece en el libro ‘Chamanes, ayahuasca y sanación’, de Santiago López-Pavillard, antropólogo y fundador de la Plantaforma. Transcribo el pasaje completo, que tiene lugar en Mapiá (Acre, Brasil) durante un ‘trabalho‘ con ‘daime‘ (ayahauasca) y Santa María del Santo Daime:

«Cuando el canto de los himnos se detuvo para pitar, Josep sale fuera de la iglesia para descansar, ya que había hecho varias tomas de ayahuasca y notaba con fuerza sus efectos. Un viejo «fiscal» se le aproxima y le dice: «Vocé debe pitar». Josep se disculpa, pero el fiscal insiste con autoridad: «Vocé va a pitar». Sienta a Josep en un banco que tenía por respaldo una gran liana de ayahuasca y le extiende un cigarrillo de marihuana.

Josep pita tres veces, invocando al Sol, la Luna y las Estrellas —tal como se hace cuando se pita—, cierra los ojos y «me veo dentro de las lianas que tenía detrás de mí, a toda velocidad, por dentro de todas las lianas, y gente con bata blanca saludándome, […] eran hombre y mujeres con bata blanca, pero a la velocidad de la luz, por las mil lianas que yo tenía a la espalda».

Ceremonia del Santo Daime en Mapiá.

Abre los ojos y el fiscal le dice: «Ahhh, vocé ha visto los curadores». Josep pita tres veces más: Así estuve media hora, viendo cómo curaban a la gente, cómo hacían sanaciones, pero todos con bata blanca, pero como te estoy viendo […] con bata blanca, y cuando va a terminar esta experiencia, cuando va a terminar […] me veo, ¡pum!, estos médicos me ponen en una camilla, corredera, que corría como en una cinta transportadora, y ellos acompañándome, y al final veo que voy con los pies por delante, hay una guillotina, ¡psu, psiu, fú¡ [Josep imita el sonido de corte de una cuchilla], pero no tenía miedo, no tenía miedo, llego allí, ¡hostia!, y me cortó a trozos [ríe], ¡pero a trozos!, […] ¡a trozos! ¡chaca, cha, cha!, e iba subiendo, no tenía miedo, salgo al otro lado, y estos médicos me recomponen, no sé qué hacen, ¿sabes? y me dejan otra vez normal. […] Yo estaba viendo lo que me estaban haciendo, y cuando ya me han recompuesto, me saludan, me acarician, ¡chan!, abro los ojos, y veo al viejo mirándome [el fiscal], «ohhhh», me dice, «vocé é afortunado, irmão».

¡Había visto todo! (Josep)».

Me gustaría acabar este artículo con otro inspirador párrafo de Lorenzo, a modo de conclusión para este viaje sanador, el suyo: «Realmente he sentido haber sido puesto en las manos de una raza extraterrestre antigua, ancestral, de enorme sabiduría, que me haya rescatado como un náufrago de las estrellas, a la deriva, originario de un planeta distante y sin importancia, a bordo de una primitiva y maltrecha cápsula. He sido recogido agonizante, rescatado de un destino fatal, y amorosamente cuidado».

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