Stanislav Grof: ‘El camino del psiconauta’

«Si yo soy el padre del LSD, entonces Stan Grof es su padrino, porque acompañó a mi maravilloso hijo a través de un momento difícil», Albert Hoffman.

La frase de Albert Hoffman es uno de los mejores homenajes que puede recibir el psiquiatra, pionero de la psiquedelia y alma mater de la psicología transpersonal Stanislav Grof. Si Timothy Leary fue la cara más visible, contracultural, gamberra y, en cierta medida, responsable del ostracismo del LSD, Grof representa la faceta más luminosa, responsable y terapéutica de la asombrosa molécula descubierta por Hoffman.

Un nuevo documental, ‘The Way of the Psyconaut’, repasa la asombrosa vida de Stan Grof y la profunda huella que ha dejado en la ciencia y el pensamiento de los últimos 80 años y en la vida de miles de personas. Una de estas personas es la cineasta y actriz Susan Hess Logeais, que utiliza su propia experiencia con el LSD y la respiración holotrópica para ir desgranando la vida y obra de Grof, una trayectoria que el propio Grof desgrana a lo largo de interesantísimas entrevistas con Hess.

Grof, junto a a su mujer, Christina, desarrolló la respiración holotrópica como una vía para alcanzar estados no ordinarios de conciencia sin necesidad de drogas. El desarrollo de esta técnica, basada en el pranayama yógico, fue la vía que encontró Grof para sortear la prohibición del LSD a finales de los 60 en Estados Unidos, cuando ya se había consolidado como una herramienta de incalculable valor en la exploración de la psique humana pero, simultáneamente, en las calles se había convertido en el «hijo problemático» de Hoffman.

Los testimonios que aparecen en ‘El camino del psiconauta’ (el documental toma prestado el título de sendos libros biográficos escritos por Stan Grof en los ochenta) confirman que mediante la respiración pueden alcanzarse estados perinatales e incluso revivir el propio parto. Según descubrió Grof, la experienca traumática en el parto puede explicar muchas patologías y desviaciones sexuales del adulto. El propio Grof explica cómo la misma existencia de estos recuerdos perinatales era considerado un tabú por la psicología clásica o mecanicista, que sigue dominando esta ciencia aun en la actualidad.

Hagamos flash-back por un instante en la vida de Grof, mucho antes de llegar a la soleada California y a Esalen. Grof nació en Checoslovaquia poco antes de la II Guerra Mundial, y fue testigo de dos invasiones que segaron al pequeño país centroeuropeo: la nazi y la sovética. Grof consiguió estudiar medicina y especializarse en psiquiatría bajo el régimen comunista checo, estrechamente vigilado desde Moscú. El trabajo de Grof en aquella época consistía en aplicar hasta veinte electro-shocks diarios a los enfermos mentales, pues en los años 50 se consideraba que provocar descargas eléctricas al cerebro serviría para paliar las patologías psicológicas.

En este contexto, propio de ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, bajo el pesado manto de sospecha del comunismo, el laboratorio de Grof recibió unas muestras de LSD-25 enviadas por los laboratorios Sandoz desde Suiza. Imaginemos por un momento cuán grande debió de ser el shock (sin “electro”, en este caso) que sufrió Grof al descubrir la insondable profundidad de la psique humana, un universo sin límites inaprensible para la concepción mecanicista o incluso para el psicoanálisis freudiano imperante en el espacio-tiempo que le tocó vivir. La descripción que hace Grof en el documental de aquel primer viaje de ácido en la Praga de los años 50 es oro molido.

Es difícil resumir en 90 minutos la profunda huella que Grof ha tenido en la psicología, la psiquiatría y la psiconáutica durante su larga y prolífica carrera, más aún hacerlo en 700 palabras. Por eso, queremos recomendar el excelente documental ‘The Way of the Psyconaut’ como introducción a la obra de Stanislav Grof, una vida y una obra cuya influencia perdudará mucho más allá de lo que somos capaces de prever.

Enlaces:

‘The Way of the Psychonaut’, documental.

-‘The Way of the Psychonaut’, MAPS.

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