Los indígenas colombianos organizan la “defensa espiritual” de la selva amazónica

Los indígenas colombianos organizan la “defensa espiritual” de la selva amazónica

La Unión de Médicos Indígenas Yageceros de la Amazonía Colombiana (UMIYAC) reúne a cinco grupos étnicos – los Cofán, Inga, Siona, Coreguaje y Kamëntsá – que practican ceremonias espirituales con ayahuasca o yagé. Pero eso no es todo lo que estas comunidades tienen en común. Los cinco grupos indígenas también están clasificados por la Corte Constitucional de Colombia como «en riesgo de exterminio físico y cultural».

«Nuestra estrategia tiene que ver con la revitalización y el fortalecimiento de nuestra conexión espiritual con la Madre Tierra», dijo Miguel Evanjuanjoy, defensor y director del proyecto de la UMIYAC, en una entrevista en vídeo con Mongabay en octubre. Hablaba desde su comunidad de Yunguillo, en el departamento del Putumayo. «Como custodios de la selva amazónica, cuidamos la tierra porque es ella quien nos alimenta espiritualmente y a través de sus productos sagrados».

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Cuando a la ayahuasca se le llamó “telepatina”

Cuando a la ayahuasca se le llamó “telepatina”

Uno de los efectos más desconcertantes de la ayahuasca es que, en ocasiones, parece permitirnos “leer” la mente de otras personas o “transmitir” ideas sin necesidad de hablar. La descripción de este fenómeno no es anecdótica sino muy frecuente en la literatura científica, hasta el punto de que el principio activo de la ayahuasca (Banisteriopsis caapi) fue bautizado como “telepatina”, allá por 1915.

El término fue acuñado por el insigne botánico colombiano Rafael Zerda Bayón, y aparece por primera vez en su escrito ‘Informes sobre mi excursión científica en las regiones colombianas de Caquetá, Bogotá, Colombia’*. Sin embargo, persiste el error de atribuir el descubrimiento al etnobotánico norteamericano Richard Evans Schultes, que empezó a utilizar el término “telepathine” durante los años 40 del siglo pasado. Dado que Schultes estudió el yagé en Colombia, es muy probable que conociera los estudios y escritos de Zerda Bayón tres décadas antes.

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