Giorgio Samorini: «No existe evidencia del uso de ayahuasca más allá de 300 o 400 años»

Giorgio Samorini: «No existe evidencia del uso de ayahuasca más allá de 300 o 400 años»

Puede que el consumo de ayahuasca no sea una tradición ‘milenaria’, una etiqueta que se utiliza con cierta ligereza, dada la ausencia de registros arqueológicos que refuten este uso. Así lo asegura el etno-botánico italiano Giorgio Samoroni, un auténtico erudito en el uso ancestral de las sustancias alteradoras de la conciencia, que ayer presentó online su libro ‘Arqueología de las plantas embriagantes’ (Ed. Escola de Vida), traducción al castellano del original en italiano.

Samorini traza en su libro un ‘mapa’ de las pruebas arqueológicas disponibles hasta la fecha del uso de plantas embriagantes en todo el mundo, desde el Egipto de los faraones a la antigua Roma, pasando, cómo no, por el continente americano, fértil en todo tipo de drogas naturales y donde hoy se siguen practicando muchos de estos ritos, algunos ‘ancestrales’, otros, no tanto.

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Coca y ayahuasca, ¿mismo destino?

Coca y ayahuasca, ¿mismo destino?

El doctor Jacques Mabit fundó hace 29 años el Centro Takiwasi en Tarapoto (Perú), por derecho propio uno de los núcleos de emanación de ciencia ayahuasquera más importantes del mundo. Libros Enteogénicos acaba de publicar el libro ‘Plantas Medicina y Clínica Terapéutica’, una compilación de artículos del doctor Jacques Mabit en el que penetra con el bisturí de su ciencia chamánica en las plantas psicoactivas peruanas, de la ayahuasca al tabaco, pasando por la coca o la marihuana (¿ángel o demonio?).

A continuación, presentamos un extracto de uno de los capítulos del libro: ‘Coca y ayahuasca, ¿mismo destino?’, en el que el autor traza un audaz y provocativo paralelismo entre dos plantas sagradas bien distintas pero sobre las que se ciernen amenazas análogas, las derivadas de la «apropiación ilegítima» por parte de la sociedad occidental y a la «ilusión espiritual» propiciada por las corrientes de la New Age. La ayahuasca, asegura Mabit, «oculta una potencial toxicidad mental y espiritual mucho mayor» que la coca.

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