LEGITIMIDAD, RECIPROCIDAD, ECUANIMIDAD

Principios para regir la relación entre los pueblos originarios y Occidente en el uso de los enteógenos

Casi cuatro décadas después de que la ayahuasca llegase a España/Europa, existe un conflicto larvado entre determinados pueblos indígenas y ciertos facilitadores occidentales sobre quién está más legitimado en su uso.

Los primeros afirman que es un saber ancestral del que ellos han sido los guardianes durante siglos y consideran que su uso por los blancos supone un nuevo caso de apropiación cultural. Los occidentales, por su parte, consideran que este tipo de saberes son Patrimonio de la Humanidad y, como tal, no puede restringirse su uso a un marco cultural siempre y cuando se haga en un contexto respetuoso y seguro.

En el Foro Mundial de la Ayahuasca, celebrado en Girona a principios de septiembre pasado, se debatieron muchos de estos aspectos bajo el lema del encuentro: “Un nuevo tiempo, una nueva alianza”. Y desde la Plataforma para la Defensa de la Ayahuasca aportamos nuestro grano de arena en forma de esta ponencia que resume, junto a nuestra historia, nuestra visión sobre la situación actual.

LA PDA: UNA HISTORIA DE UNIÓN Y DEFENSA

La PDA es una organización sin ánimo de lucro cuyo principal nexo de unión es que muchos de sus miembros, además de usuarios, somos facilitadores de ayahuasca y formamos parte de grupos que practican su uso ritual.
Nuestra actividad más intensa se desarrolló durante los primeros años, en una época de fuerte persecución policial y judicial y cuando existía mucha menos información sobre los argumentos jurídicos y sociales para defender la ayahuasca.
Organizamos encuentros con fiscales, policías, abogados y expertos en legislación sobre drogas. Queríamos explicar quiénes éramos y situar la ayahuasca en un contexto diferente al de las sustancias con las que habitualmente se la asociaba.
A aquellas primeras reuniones llegaron personas muy diversas, incluidos miembros de pueblos originarios de la Amazonía, los Andes y Norteamérica. Y entendimos algo fundamental: para defendernos juntos primero teníamos que conocernos.
Por eso decidimos compartir los rituales de las diferentes tradiciones. Comenzamos con un trabalho de San Miguel en la iglesia del Santo Daime de Madrid y continuamos con otras ceremonias.
Después de aquel auténtico “combo” de rituales, la unión fue mucho más fácil. Habíamos dejado de ser etiquetas. Éramos personas que habíamos compartido una experiencia.

Después de numerosas reuniones elaboramos un Código Ético sobre el buen uso de la ayahuasca en España, pionero en nuestro país.
Para nosotros había una idea fundamental: defender la ayahuasca no significa defender todo aquello que se hace en su nombre. También significa defender unas buenas prácticas, la seguridad de los participantes y la responsabilidad de quienes la facilitan.

Fueron tiempos de guerrilla donde, gracias a la labor de Diego de las Casas, abogado y cofundador de la PDA, queridísimo compañero que se nos fue prematuramente el año pasado, conseguimos el archivo de casi un centenar de causas incoadas por recibir ayahuasca por correo o por traerla en una maleta en el avión. Diego inspiró a otros abogados en esa defensa y recordamos especialmente un encuentro que organizamos en Madrid donde reunimos a una veintena de víctimas desesperadas con sus respectivos abogados y a los que hubo que convencer de que, a pesar de lo que dijera la Policía, la Ayahuasca no estaba fiscalizada en España. Una década después, la Justicia nos dio la razón a través de esa importante sentencia de 2025 de la Audiencia Provincial de Madrid, en la que se reconoce este hecho.

Con el desarrollo de ICEERS y su importante labor jurídica y científica, el papel estrictamente jurídico de la PDA fue disminuyendo y pasamos a desempeñar más una función de observatorio de la ayahuasca en España, manteniendo siempre nuestro compromiso con la defensa de la Planta y la denuncia de las malas prácticas.

LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA

El 17 de junio de 1986 la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU emitió oficialmente la conocida como “Patente de la Ayahuasca” a la empresa International Plant Medicine Corporation, con sede en California, concediendo a su presidente, Loren Miller, la capacidad de comerciar con la planta entera. Los tributarios legítimos -indígenas amazónicos- solo reaccionaron 10 años después y a través de una organización ecuatoriana, la COICA, consiguieron, si no su revocación, por lo menos que no se renovase cuando se cumplió el plazo en 2003.

Este caso de biopiratería resume en sí mismo parte de las razones que nos han traído aquí hoy: dónde está la frontera entre lo legítimo, lo ecuánime y lo recíproco en la relación entre las diferentes culturas sobre el uso de la ayahuasca.

La segunda pérdida de la inocencia se produjo años después, en el 2000, cuando la policía provocó el proceso judicial incoado contra el Santo Daime que supuso una “caída del caballo” para muchos de los incipientes ayahuasqueros españoles. Los daimistas sufrieron un ataque muy mediático pero que acabó bien gracias a una buena defensa que condujo al archivo definitivo del caso y al posterior reconocimiento jurídico de la Iglesia del Santo Daime en España en 2003.

Con aquella inocencia comenzó una historia que acabaría teniendo importancia en la expansión de esta tradición en Europa. Porque la historia del Santo Daime demuestra además que las tradiciones no siempre son compartimentos cerrados. En Brasil se produjo un profundo proceso de mestizaje entre elementos indígenas, amazónicos, cristianos y populares. Y posteriormente se desarrollaron intercambios con diferentes pueblos indígenas. De hecho, muchas de las tribus originarias que hoy son estandartes de la defensa cultural de la ayahuasca en Brasil -Yawanawas, Huni Kuin, etc- reconectaron con sus rituales cercenados décadas antes por las sectas evangélicas gracias a la labor del Mestre Irineu y sus seguidores que acogían en sus rituales a los pobladores más humildes, blancos o indios, que acudían en busca de su cura. Si bien estos procesos tienen contradicciones y deben analizarse críticamente, sin embargo muestran algo importante: el contacto intercultural no tiene por qué producir únicamente apropiación. También puede producir intercambio, revitalización y creación compartida.

Aunque la desconfianza siempre existió desde el mismo momento de la colonización, lo cierto es que en el mundo de las plantas de poder la línea del tiempo parecía diferente. Los primeros investigadores que se dedicaron al estudio de ese uso lo hicieron, hasta donde sabemos, guiados por la objetividad que da el propio conocimiento. Hasta que detrás de ellos llegaron las empresas movidas exclusivamente por el dinero, como el tal Miller.

Hasta entonces los verdaderos chamanes no abrían sus secretos a nadie hasta que no conseguían abrir el corazón de aquellos investigadores y reconocer que no había peligro en la transmisión. Algunos de los miembros de la PDA llevamos décadas facilitando la planta a otras personas. Y, la verdad, es que siempre mantuvimos esos principios: de alguna manera, las tradiciones originarias que nos mostraron el camino siempre nos dieron la LEGITIMIDAD de poder traer a Occidente este tesoro. Nadie se planteaba entonces que no fuese posible, en tanto había habido un contacto largo, frecuente y previo, un estudio profundo según las capacidades de cada uno y una relación basada en el respeto, las ganas de ayudar y sobre todo, en la ECUANIMIDAD de nadie querer estar por encima del otro.

Quizás era un mundo más inocente, o nosotr@s y ell@s éramos más inocentes -¡bendita inocencia!-, el encuentro se basaba en la confianza y en la RECIPROCIDAD, el intercambio de saberes, yo te enseño, tú me enseñas; me ayudas, te ayudo; me das, te doy. En algunos casos fuimos parte de la primera hornada de occidentales que accedía a esas comunidades, dos planetas que se encuentran, dos culturas que se estudian hasta que el dinero o el abuso trajeron las primeras desconfianzas.

Cuando fundamos la PDA, allá por 2009, esa inocencia se acabó definitivamente cuando vimos en el telediario a un grupo de ayahuasqueros pixelados saliendo esposados como terroristas de una reunión en un chalet a las afueras de Madrid acusados de secta que usaba drogas y pornografía, etc, etc, etc. Ese golpe fue el que nos incitó a organizarnos porque entendimos que, más que un caso puntual y particular contra un grupo que actuaba quizás de una manera demasiado explícita, parecía abrirse una auténtica caza de brujas.

Uno de los asuntos más importantes que surgió tras aquel ataque policial era la legitimación que tenía el líder de aquel grupo para las prácticas que realizaba. El debate en la época era que, si bien había recibido una presunta autorización por parte de un taita colombiano, la conversión de la tradición a la realidad occidental parecía bastante lejos de la original y se cuestionaba si factores económicos o de otro tipo de intereses habían influido en esa negociación de apoyo, que años más tarde fue retirada.

Y para nosotros representa una pregunta mucho más profunda:
¿Dónde está la frontera entre lo legítimo, lo recíproco y lo ecuánime?
Durante mucho tiempo, algunas de las primeras relaciones entre occidentales y comunidades indígenas se construyeron desde la confianza.
Primero había que convivir.
Había que aprender.
Había que demostrar quién eras.
Los conocimientos no se entregaban simplemente porque alguien los pidiera.
Algunos de nosotros llevamos décadas facilitando la planta y, mirando hacia atrás, entendemos que nuestra legitimidad no procedía de pensar que éramos propietarios de una tradición.
Procedía de una relación: contacto, aprendizaje, convivencia, intercambio y respeto.
Y, sobre todo, de dos principios: reciprocidad: yo te enseño, tú me enseñas; me ayudas, te ayudo.
Y ecuanimidad: nadie tiene que estar por encima del otro.

En la World Ayahuasca Conference de Rio Branco, en 2016, muchas de estas tensiones salieron a la superficie. Hubo acusaciones cruzadas entre sectores indígenas y occidentales sobre comercialización, malas prácticas y legitimidad para representar o transmitir determinadas tradiciones.

Detrás de aquellas discusiones aparecían heridas mucho más antiguas: colonialismo, desigualdad, dinero, prestigio y poder. Y quedó planteada una pregunta que seguimos sin resolver: ¿EL CHAMÁN NACE O SE HACE?

Juan Carlos de la Cal y Manuel Villaescusa, representantes de Plantaforma en la mesa 'Ética, regulación y derecho', dentro del Foro Mundial de Ayahuasca en Girona.

Juan Carlos de la Cal y Manuel Villaescusa, representantes de Plantaforma en la mesa ‘Ética, regulación y derecho’, dentro del Foro Mundial de Ayahuasca en Girona.

TRES PRINCIPIOS PARA UNA NUEVA RELACIÓN

Desde la PDA pensamos que este conflicto no se resolverá intentando decidir quién tiene razón.
Necesitamos construir unas reglas que todos podamos reconocer.
Y proponemos hacerlo alrededor de tres principios:

  1. LEGITIMIDAD

Las preguntas se suceden:

¿Qué hace legítima a una persona para facilitar ayahuasca?
¿Es suficiente haber nacido en una comunidad indígena?
¿Es suficiente haber recibido una autorización?
¿Puede un occidental convertirse en hombre o mujer de medicina?
¿Puede un indígena perder legitimidad cuando incorpora conocimientos occidentales?
¿Quién decide qué es legítimo?

Creemos que el origen cultural no debería ser el único criterio.
Pero tampoco debería bastar con proclamarse facilitador, chamán o representante de una tradición.
La legitimidad debería estar vinculada a la formación, el aprendizaje, la autorización cuando corresponda, la experiencia, el conocimiento de los propios límites y la responsabilidad sobre las personas a las que acompañamos.
Y debemos ser capaces de identificar los falsos chamanes, tanto indígenas como occidentales.
Quizá el problema no sea de origen. Quizá sea de conducta.

  1. RECIPROCIDAD

Si recibimos conocimiento, tradición y acompañamiento de una comunidad, debemos preguntarnos:
¿Qué devolvemos?
Trabajo.
Recursos.
Apoyo.
Relaciones.
Conocimiento.
Pero la reciprocidad debe funcionar en ambas direcciones.
Los maestros y curanderos amazónicos que trabajan en Europa deben recibir un trato digno, acuerdos económicos transparentes, apoyo logístico y, cuando sea necesario, asistencia jurídica y sanitaria.
Y también deben asumir responsabilidades: garantizar la seguridad de los participantes, prevenir abusos sexuales, económicos o de poder, disponer de información suficiente sobre las personas que participan y ofrecer seguimiento cuando sea necesario.
La reciprocidad no puede consistir en exigir responsabilidades a una sola de las partes.

  1. ECUANIMIDAD

Para nosotros, ecuanimidad significa renunciar a la idea de que uno de los dos mundos tiene que estar por encima del otro.

Ni el occidental puede pensar: “Yo tengo el dinero, la ciencia y la capacidad de organizar; por tanto, sé más.” Ni el indígena debería tener que demostrar: “Yo soy el verdadero guardián; por tanto, mi palabra es incuestionable.”
La pregunta debería ser otra:
¿Qué puede aportar cada uno?
¿Qué puede aportar el conocimiento indígena?
¿Qué puede aportar la experiencia occidental?
¿Qué pueden aportar la medicina tradicional, la psicología y la investigación científica?
Y, sobre todo: ¿Cómo podemos aprender unos de otros sin que aprender signifique apropiarse?

DERECHOS Y DEBERES MUTUOS

Si queremos hablar de ecuanimidad, necesitamos hablar también de derechos y deberes en ambas direcciones.
Un occidental que haya recibido una formación seria y respete las tradiciones debería poder ser reconocido como alguien capaz de desarrollar competentemente su trabajo con la ayahuasca.
Pero eso implica deberes: respetar a sus maestros y su linaje, no utilizar rituales, cantos o símbolos para los que no haya recibido autorización, respetar sus procesos de aprendizaje y no presentarse como representante de una tradición que no le pertenece.
Y, sobre todo, practicar la reciprocidad con las culturas de las que ha recibido conocimientos.
Del mismo modo, los pueblos originarios que trabajan en Occidente tienen derecho a respeto, reconocimiento, remuneración digna, acuerdos económicos transparentes y apoyo ante posibles problemas legales, sanitarios o logísticos.
Pero también tienen el deber de respetar la integridad y seguridad de quienes participan en sus ceremonias y de establecer límites claros frente a cualquier abuso de poder, sexual o económico.
No porque indígenas y occidentales seamos iguales.
No lo somos.
Tenemos historias, culturas y responsabilidades históricas diferentes.
Pero cualquier relación sostenible necesita algo común:
RESPETO, TRANSPARENCIA Y RESPONSABILIDAD.

UNA PROPUESTA CONCRETA

Por eso, desde la PDA proponemos algo muy concreto: CREAR UN CÓDIGO ÉTICO ECUÁNIME
Un código construido conjuntamente por representantes de pueblos originarios y facilitadores occidentales.
Proponemos crear mesas de trabajo mixtas que permitan identificar problemas, analizar experiencias, estudiar casos de buenas y malas prácticas y establecer criterios comunes.
Deberíamos preguntarnos:
¿Cómo ven los hombres y mujeres de medicina indígenas a los facilitadores occidentales?
¿Cómo ven los occidentales a los hombres y mujeres de medicina indígenas?

Y, sobre todo:
¿Qué tenemos en común?
¿Qué entendemos por espiritualidad?
¿Qué entendemos por cuidado?
¿Qué entendemos por responsabilidad?
¿Qué podemos aprender unos de otros?

Este proceso debería revisar también los códigos éticos occidentales ya existentes, los principios sobre circulación internacional de saberes y prácticas con plantas, y establecer buenas prácticas para los intermediarios que organizan actividades de pueblos indígenas en Europa.
Especialmente en materia de: responsabilidad jurídica, transparencia económica, distribución de recursos, logística, seguros y uso de nombres, símbolos e identidades tradicionales.
La PDA se ofrece a colaborar en la moderación y puesta en marcha de este proceso.

CONCLUSIÓN

Quizá la pregunta no sea: «¿Quién es propietario de la ayahuasca?» Quizá la pregunta sea: «¿Qué hacemos nosotros con aquello que la ayahuasca nos ha dado?»
Si realmente queremos construir una nueva relación entre los pueblos originarios y Occidente tendremos que sustituir:
-la apropiación por el intercambio,
-la competencia por la colaboración,
-y la desconfianza por relaciones basadas en la transparencia.
No se trata de volver a la inocencia.
Aquella inocencia ya no existe.
Se trata de algo mucho más difícil:
CONSERVAR LA CONFIANZA DESPUÉS DE HABER PERDIDO LA INOCENCIA.

PDA, en el Foro Mundial de Ayahuasca. Imagen de universomultidisciplinart.com.

PDA, en el Foro Mundial de Ayahuasca. Imagen de universomultidisciplinart.com.

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