El libro ‘La serpiente cósmica’, de Jeremy Narby, especula con la posibilidad de que los chamanes de la Antigüedad alcanzaron tal grado de introspección que llegaron a “observar” su propio ADN -la célebre estructura de doble hélice descrita en 1953 por Francis Crick y James Watson-, inmortalizando en centenares de diseños en decenas de civilizaciones una iconografía común en la que una serpiente (la serpiente cósmica) emula a las cadenas de nucleótidos que forman el ADN, la materia prima de la vida.
¿Es posible acaso profundizar aún más en esa introspección y trascender el nivel celular, generación tras generación, especie tras especie, hasta llegar al origen mismo de la vida?
Ese viaje en el tiempo 4.100 millones de años atrás es el que hizo el astrobiólogo Bruce Damer durante una sesión de ayahuasca en el Amazonas. Aquella experiencia, que el científico relató en público por primera vez durante la conferencia etnobotánica ESPD55 (Dorset, 2022), abrió el camino para desvelar un hallazgo científico que Damer llevaba más de 40 años persiguiendo: las condiciones que permitieron la emergencia de la vida en la Tierra.
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