Qué le hace la ayahuasca a tu cerebro: lo que dice la neurociencia (y lo que todavía no sabe)

Por Fede Funkel, MSc | Neurociencia Cognitiva y Plantas Sagradas


Imagina que un investigador te mete en un escáner de resonancia magnética, te da una dosis de ayahuasca, y observa en la pantalla lo que ocurre en tu cerebro. Lo que verá puede sorprenderte: la región que procesa la visión se activa con una intensidad comparable a la observada cuando los ojos están abiertos mirando imágenes reales. Dicho de otra manera: tu cerebro, durante la experiencia, procesa las visiones internas como si fueran percepción externa.

No es metáfora. Es lo que midió el equipo de Draulio de Araujo en Brasil en 2012, y desde entonces los escáneres cerebrales han ido revelando un cuadro cada vez más complejo de lo que hace la ayahuasca a tu cerebro durante una ceremonia. Un cuadro que la ciencia puede describir con creciente precisión —pero que todavía no sabe explicar del todo.

Una sinfonía de dos plantas

Antes de hablar del cerebro, hay que entender por qué la ayahuasca solo funciona como combinación y no como un ingrediente aislado.

El DMT (N,N-dimetiltriptamina), el principal compuesto psicodélico responsable de los efectos visionarios está presente en cientos de plantas. También, en cantidades minúsculas, en el propio cuerpo humano —aunque qué hace ahí exactamente sigue siendo un misterio. El caso es que si simplemente comieras hojas de chacruna (Psychotria viridis), probablemente no notarías nada: el intestino tiene una enzima llamada monoamino oxidasa (MAO) cuya función es destruir ciertos compuestos antes de que lleguen al cerebro, y el DMT es uno de ellos.

Aquí entra la liana (Banisteriopsis caapi). Contiene unas sustancias llamadas beta-carbolinas que bloquean temporalmente esa enzima. La liana abre la puerta. La chacruna te permite cruzarla.

Es una combinación que los pueblos amazónicos descubrieron hace siglos entre miles de plantas posibles —algo que sigue siendo difícil de explicar desde la perspectiva de la ciencia occidental.

Sin la liana, el DMT no llega al cerebro. Sin la chacruna, la liana sola no produciría una experiencia visionaria. Lo fascinante —y esto es algo que ninguna explicación científica ha resuelto satisfactoriamente— es que los pueblos amazónicos descubrieron esta combinación específica hace siglos, entre miles de plantas posibles. Hay quien dice que fue intuición, hay leyendas que dicen que fue la planta del tabaco la que lo comunicó. La ciencia, de momento, no tiene una respuesta mejor que ninguna de las dos.

El filtro que se abre

Voy a intentar explicar lo que hace el DMT en el cerebro sin que parezca una clase de farmacología.

En condiciones normales, el cerebro tiene un sistema de filtrado muy eficiente. Recibe una cantidad brutal de información —sensaciones, recuerdos, asociaciones, señales del cuerpo— y descarta casi todo para que puedas funcionar sin sobrecarga. Piensa en él como un portero que decide qué entra y qué no.

La serotonina —uno de los mensajeros químicos que el cerebro usa para regular el estado de ánimo, el sueño y la percepción— juega un papel importante en ese filtrado. Y aquí está la clave: el DMT tiene una forma molecular tan parecida a la de la serotonina que puede engañar a los receptores de serotonina en las neuronas y activarlos. Estos receptores (llamados 5-HT2A) están concentrados en las regiones del cerebro que procesan la percepción, las emociones y la conciencia de uno mismo.

Cuando el DMT los activa, el filtro se abre. El cerebro se vuelve más flexible, más permeable a conexiones que normalmente descartaría. El resultado es lo que muchos describen como sinestesia —ver la música, sentir los colores— porque regiones del cerebro que normalmente trabajan por separado empiezan a comunicarse de maneras inusuales.

Y hay algo más, que me parece casi más interesante que las visiones en sí. El equipo del Hospital Sant Pau de Barcelona documentó que esa apertura del filtro desencadena una reacción en cadena que se asocia con cambios medibles en los días posteriores a la experiencia —no solo durante la ceremonia. Específicamente: una actitud menos crítica hacia uno mismo y mayor autocompasión. Con indicios de que algunos de estos efectos persisten semanas después.

Menos autocrítica. Más autocompasión. Después, cuando ya has vuelto a tu estado habitual y estás haciendo la compra o respondiendo correos. Eso me parece importante.

El narrador interior se silencia

Si hay un hallazgo que ha cambiado cómo los científicos entienden los psicodélicos en los últimos años, es este. Y es también, en mi experiencia, lo que más cuesta explicar a alguien que no ha pasado por una ceremonia.

Tenemos en el cerebro una red de regiones que los neurocientíficos llaman la red neuronal por defecto. Es lo que se activa cuando no estás haciendo nada concreto: cuando la mente divaga, cuando piensas en el pasado o el futuro, cuando te juzgas a ti mismo. Es, en la práctica, tu narrador interior. Esa voz constante que te recuerda quién eres, qué hiciste mal, qué deberías haber dicho de otra manera…

En 2012, Robin Carhart-Harris y su equipo en el Imperial College de Londres documentaron algo llamativo: los psicodélicos reducen drásticamente la actividad de esa red. En 2015, investigadores brasileños liderados por Fernanda Palhano-Fontes confirmaron ese mismo patrón con ayahuasca.

Esa voz interior que constantemente te evalúa, que repite tus errores, que anticipa los juicios ajenos… prácticamente se silencia.

Es lo que algunos maestros describen cómo la medicina «te muestra quién eres cuando dejas de contarte historias sobre quién deberías ser».

Más allá de la ceremonia

Para algunas personas, perder temporalmente ese sentido del «yo» es aterrador. Para otras, es lo más liberador que han experimentado. La mayoría describe las dos cosas, a veces en la misma noche. No hay una respuesta correcta aquí.

Lo que la investigación añade es que esa reducción de la autocrítica puede persistir más allá de los efectos inmediatos —y que eso, posiblemente, tiene mucho que ver con los efectos terapéuticos de la ayahuasca. De hecho, en 2019, el mismo grupo de Palhano-Fontes lo demostró en un ensayo controlado con placebo: una sola sesión de ayahuasca reducía significativamente los síntomas de depresión resistente al tratamiento. Fue el primer ensayo de este tipo en el campo.

En 2020, el neurocientífico Lorenzo Pasquini publicó junto a ese equipo brasileño un estudio que Plantaforma recogió en su momento: una sola dosis de ayahuasca produce cambios duraderos en la organización del cerebro que persisten al menos 24 horas después de la experiencia. No durante la noche de ceremonia. Al día siguiente, cuando ya has vuelto a casa.

Reorganización funcional del cerebro

No estamos hablando de un estado alterado que pasa y ya. Estamos hablando de una reorganización funcional del cerebro que se queda así durante un tiempo.

Y desde España llega uno de los hallazgos más curiosos de este campo. Un equipo de la Universidad Complutense de Madrid descubrió que, en modelos animales, el DMT promueve la formación de nuevas neuronas —lo que los científicos llaman neurogénesis— y también la de otros tipos de células cerebrales. Los resultados mostraron que los animales tratados con DMT desarrollaron una mayor capacidad cognitiva. «Esta capacidad para modular la plasticidad cerebral —es decir, la capacidad del cerebro para cambiar y reorganizarse— indica que tiene un gran potencial terapéutico para una amplia gama de trastornos psiquiátricos y neurológicos», señaló el investigador José Ángel Morales.

Conviene ser cauteloso con este hallazgo: son resultados en animales, y el salto a humanos requiere investigación adicional. Pero que un grupo de investigación español esté documentando efectos de esta magnitud en un componente de la ayahuasca me parece algo que merece atención.

Lo que la ciencia aún no sabe

Aquí quiero ser honesto, porque creo que es importante conocer los límites del conocimiento actual.

Sabemos bastante sobre qué cambia en el cerebro con ayahuasca. Lo que no entendemos del todo es por qué esos cambios se traducen —en algunas personas, en algunos contextos — en transformaciones psicológicas duraderas. Conviene recordar, además, que buena parte de esta literatura se basa en muestras pequeñas y estudios sin grupo de control adecuado, por lo que muchas conclusiones siguen siendo provisionales.

Dos personas con cerebros casi idénticos en el escáner pueden tener experiencias radicalmente distintas. Dos personas con la misma experiencia pueden integrarla de maneras completamente opuestas. La neurociencia describe mecanismos. No puede predecir el significado.

Hay indicios de que tras la experiencia se abre un período en el que el cerebro es especialmente receptivo al aprendizaje y al cambio —más moldeable, como si la experiencia dejara una ventana abierta durante un tiempo. Lo que hagas en ese período, con quién procesas lo vivido, qué prácticas sostienes después, parece importar tanto como la experiencia en sí. Yo mismo he fallado en esto más veces de las que me gustaría — volviendo corriendo a mi día a día en cuanto pasaban los efectos.

Y aquí es, honestamente, donde me quedo con más preguntas que respuestas. La neurociencia puede medir lo que cambia en el cerebro. No puede medir el significado que una persona le da a lo que vivió, ni el efecto de haberlo procesado en un contexto de cuidado genuino. Los pueblos que llevan generaciones trabajando con esta medicina no esperaron a los escáneres para saber que el contexto y el acompañamiento son parte inseparable del proceso.

La ciencia describe el mecanismo. La tradición sabe para qué.


Fede Funkel tiene un Máster en Neurociencia Cognitiva (UAB), formación AyaSafety de ICEERS y aprendizaje directo con comunidades Huni Kuin en el Amazonas brasileño. Es fundador de Alma Fénix, web divulgativa dedicada a tender puentes entre neurociencia y tradición ancestral.


Estudios citados

  • De Araujo, D. B., et al. (2012). Seeing with the eyes shut: neural basis of enhanced imagery following ayahuasca ingestion. Human Brain Mapping, 33(11), 2550–2560. Ver estudio →
  • McKenna, D. J., et al. (1984). Monoamine oxidase inhibitors in South American hallucinogenic plants. Journal of Ethnopharmacology, 10(2), 195–223. Ver estudio →
  • Nichols, D. E. (2016). Psychedelics. Pharmacological Reviews, 68(2), 264–355. Ver estudio →
  • Sampedro, F., et al. (2017). Assessing the psychedelic «after-glow» in ayahuasca users. International Journal of Neuropsychopharmacology, 20(9), 698–711. Ver estudio →
  • Carhart-Harris, R. L., et al. (2012). Neural correlates of the psychedelic state as determined by fMRI studies with psilocybin. PNAS, 109(6), 2138–2143. Ver estudio →
  • Palhano-Fontes, F., et al. (2015). The psychedelic state induced by ayahuasca modulates the activity and connectivity of the default mode network. PLoS ONE, 10(2), e0118143. Ver estudio →
  • Palhano-Fontes, F., et al. (2019). Rapid antidepressant effects of the psychedelic ayahuasca in treatment-resistant depression: a randomized placebo-controlled trial. Psychological Medicine, 49(4), 655–663. Ver estudio →
  • Pasquini, L., et al. (2020). Subacute effects of the psychedelic ayahuasca on the salience and default mode networks. Journal of Psychopharmacology, 34(6), 623–635. Ver estudio →
  • Morales-García, J. A., et al. (2020). N,N-dimethyltryptamine compound found in the hallucinogenic tea ayahuasca, regulates adult neurogenesis in vitro and in vivo. Translational Psychiatry, 10, 310. Ver estudio →

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