Ayahuasca, ¿los nuevos Misterios de Eleusis?

Ecos antiguos de la experiencia iniciática

Los Misterios eran demasiado frágiles —nos dice Burkert (2018)— y desaparecieron junto al mundo pagano y el sistema social de la Antigüedad. Nada quedó de ellos más allá de algunos destellos y conjeturas. No podemos recrear aquella experiencia —insiste nuestro autor— y tampoco tendría sentido pretender hacerlo —añadiríamos—, pero sí podemos reconocer que continúan despertando curiosidad e incluso fascinación.

Como ya mencionamos en la primera parte de este artículo, los Misterios de Eleusis estaban dirigidos y controlados por la polis de Atenas. Pero esto no quiere decir que se tratara de una religión estructurada, tal y como hoy lo entendemos. Por el contrario — nos señala de nuevo Burkert— no resultaba de ellos ningún tipo de comunidad organizada y estable, puesto que quienes acudían lo hacían en busca de una iniciación moral, emocional o espiritual para sus vidas. Y, una vez concluido el ritual, volvían a su propio camino sintiéndose mejor que antes, pero sin haber hecho votos de pertenencia exclusiva a credo alguno.

Así, dejando a un lado tanto las prácticas tradicionales de los pueblos originarios amazónicos como el fenómeno de las iglesias ayahuasqueras —pues no son objeto de este artículo—, cabría preguntarse si lo que los participantes buscaban en los ritos mistéricos de la Antigüedad dista mucho de lo que buscan hoy quienes, en nuestros días y en nuestro contexto cultural, participan en ceremonias con ayahuasca.

Ceremonia de ayahuasca.

Burkert nos habla de lo que denomina cultos privados, ajenos a cualquier autoridad política, conducidos por personajes itinerantes y carismáticos, quienes, como se recoge ya en el denominado papiro de Derveni, del siglo IV a. C., «hacen de lo sagrado un oficio». Rituales de carácter voluntario, personal y, en ocasiones, secreto, en los que se aspiraba a una transformación psicológica y emocional —o, al menos, a una mejora de la autoconcepción— mediante la vivencia de la iniciación.
¿Tan lejos queda esto de nuestra experiencia contemporánea?

Testimonios de ayer y hoy

Las prácticas surgidas con la expansión y globalización del uso de la ayahuasca constituyen un fenómeno complejo y contradictorio que, como nos dice el periodista Carlos Suárez, autor del libro Ayahuasca entre dos mundos, por un lado forma parte de la maquinaria de producción-consumo del mundo contemporáneo y, por otro, manifiesta la necesidad de dar respuesta —o al menos alivio— a las profundas ansiedades de nuestro tiempo. Algo que, de nuevo, vuelve a emparentarlas con los ritos iniciáticos antiguos.

Burkert —nuestro guía principal en este viaje— recoge testimonios que nos hablan de los efectos concretos de los Misterios:
Arístides Quintiliano, músico y filósofo del siglo I a. C., afirma que «el objetivo de la iniciación es que la ansiedad depresiva se disipe». A su vez, Cicerón, filósofo y orador romano de ese mismo siglo I a. C., señala que Eleusis ayuda «a vivir con mayor alegría y a morir con mayor esperanza». Por su parte, Proclo, filósofo neoplatónico, en el siglo V d. C., cuando ya los Misterios de Eleusis no eran más que un recuerdo, escribe que éstos provocaban simpatía por el ritual, de modo que «algunos iniciandos eran afectados por el pánico, mientras otros dejaban a un lado su identidad y experimentaban una unión». Algo a lo que el historiador Plutarco ya había hecho referencia en el siglo I d. C., al señalar «la alegría que experimentan los iniciandos, mezclada con confusión y abatimiento, pero llena de esperanza placentera y apariciones de puro esplendor».

El hilo de Ariadna

Las resonancias emocionales y, en ocasiones, visionarias que estos testimonios de la Antigüedad nos ofrecen podrían conformar un compendio de lo que experimentan los participantes en ceremonias de ayahuasca hoy en día. Experiencias individuales en contextos colectivos, en los que se producen coincidencias de caminos y efímeras percepciones de hermandad, que pueden facilitar, en el mejor de los casos, procesos de exploración íntima.

Teseo y el Minotauro: el hilo de Ariana.

Y tal vez sea el anhelo por acercarnos a esta esfera de sentido donde podamos rastrear —más allá de modas consumistas y new age de espiritualidad impostada— algo parecido a un legado de verdad ancestral. Que nos conecta —aunque sólo sea como ecos en nuestro inconsciente— no sólo con el mundo grecolatino, sino también con las fuentes del viejo saber mediterráneo y, más allá, con la cosmovisión egipcia, con los magus iranios, con las prácticas sufíes, con las obras alquímicas, con los oráculos caldeos, con los sabios babilonios e incluso con tradiciones indias.

En definitiva, con todas esas fuentes de saber y búsqueda que nos impulsan, en último término, a pesar de lo caótica que nos pueda parecer la vida que nos envuelve y nos habita, a tratar de hallar sentido a nuestro lugar en el cosmos.

Quien lo probó, lo sabe.

Germà García, sociólogo intercultural y profesor, miembro de la PDA.

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 BIBLIOGRAFÍA

Burkert, Walter. (2018). Cultos Mistéricos Antiguos. Trotta Editorial. Madrid.

Suárez Álvarez, Carlos. (2018). Ayahuasca. Entre dos mundos. Libros del Mono Blanco.


El camino a los misterios, primera parte del artículo.

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