«El ayahuasca, sin espíritu y sin madre, es ayahuascaína»

Las antropólogas Silvia Mesturini y Emilia Sanabria han escrito un libro junto con el onanya (sabedor) shipibo José López Sánchez, «Trabajar con las plantas que tienen madres. Diálogos con un onanya shipibo», que puedes descargar gratuitamente en la página de Shipibo Rao.

El libro es una destilación de cientos de horas de conversación de los tres durante varias dietas de plantas maestras en el centro de José en el Amazonas peruano. En este extracto del primer capítulo, ‘Ayahuascaína’, el curandero alerta sobre los peligros que acechan a la ayahuasca en el proceso de medicalización, durante el que -afirma el onanya- pierde su espíritu y su madre.

Empecemos por hablar sobre lo que está ocurriendo con la ayahuasca a nivel internacional, sobre todo respecto a la interpretación farmacéutica de lo que la ayahuasca es y puede llegar a ser. Muchos ensayos clínicos hoy en día están extrayendo la ayahuasca de los procesos de dieta y de los sabedores indígenas; están experimentando posibilidades de suministrar ayahuasca en píldoras (…) Pocos han tenido ocasión de escuchar a un curandero o una curandera poner en perspectiva lo que está ocurriendo actualmente partir de sus tradiciones ancestrales de sanación.

El problema es que el ayahuasca tiene su madre. Y esos procedimientos farmacéuticos que producen una simple pastilla, una simple “cosa” hacen que el ayahuasca pierda su sentido y significado, y por lo tanto no funcionará sin su madre. Para que el ayahuasca funcione (transformado en pastillas) yo pienso que le tendrán que añadir algunas sustancias químicas que evidentemente la convertirán en algo distinto. Porque si alguien no prepara bien el ayahuasca, nunca va a tener la fuerza que tiene aquí en la selva, cuando está bien preparada. Si una persona la cocina sin el cuidado correspondiente, si la quema, por ejemplo, no va a marear, sino más bien va a castigar. Y si después de esa experiencia uno vuelve a una ceremonia en la que toma ayahuasca preparada bien, entonces allí la ayahuasca misma pregunta: “¿por qué me has quemado?” 

¿Y si una persona nunca logra tomar una ayahuasca “buena”, si solo conoce ayahuasca mal preparada?

Mi abuelo me decía: -“vas a ver, de acá a un tiempo, antes de que muera, ya no va a ser ayahuasca, va a ser ayahuascaína”. Y hoy en día ¡eso es lo que está ocurriendo!, justamente, y yo digo -“tenía ese viejo loco razón al decir que se iba a convertir en ayahuascaína”. Pero la ayahuasca verdadera -con espíritu, esencia, fuerza, además de los secretos de método de cómo se prepara, de cómo se sopla, de cómo se pone una intención-, eso es otra cosa.

El ayahuasca te hace ver cosas, pueden ser buenas y malas; te muestra los traumas ancestrales y los personales. Si en tu vida has cometido un error grande, a veces, el ayahuasca te castiga y te hace recapacitar. No siempre provoca cosas que te lleven a decir -”¡wow!” como aparece en el internet, en donde se dice que la ayahuasca te hará ver colores, luces, que te hará llegar a tu “yo personal”. Por tanto, yo creo que lo que se está elaborando en los laboratorios con la ayahuasca servirá, más bien, a controlar las mentes. Porque cuando la ayahuasca está bien preparada no te maneja la mente, mas bien te hace ver la mierda que existe en tu mente y te lleva a abrir el corazón. El ayahuasca te llevará a un punto en donde te hará ver tu realidad, pero tu realidad respecto a cómo manejas, día a día, tu vida cotidiana, a dónde y cómo estás internamente. También te mostrará quién eres, cómo eres. Cuando estás en ceremonia de ayahuasca, tú estás viéndote, sintiéndote; sabes que algo está mal. Por más que quieras arreglarlo, no te estás sintiendo bien. Y una vez que se ha pasado ese proceso, supuestamente te sentirás libre, te sentirás fuerte, te sentirás tranquilo pero ya la ayahuasca te habrá hecho ver tu interior. Sin embargo, cuando amanece, puedes volver a la vida cotidiana y seguir en lo mismo. Como decía mi abuelo: -“La ayahuasca te ha hecho ver, te ha hecho sentir, es tu problema si quieres seguir viviendo en lo mismo”.

Hoy en día estamos muy desconectados de nuestro corazón. Yo creo que la ayahuasca lleva a ese punto de hacer ver quién es uno mismo, a dónde va, para qué viene al mundo, cuál es tu visión. El ayahuasca muestra. Primero te lleva a su mundo y luego te muestra tu mundo. Y eso no es espiritualismo para nada. Y te lleva de una forma brusca. Por eso muchos la llaman “abuelita”, porque te puede decir “¡vamos, carajo!” y si tú quieres -porque es tu decisión- tratas de arreglar tu vida y vivir según ese mundo que la planta te mostró. Pero es bien difícil. ¿Y por qué los extranjeros vienen a la selva a dietar?, ¿por qué quieren dietar? porque la ayahuasca ya les mostró algo sobre ellos mismos. Y la única manera que su mundo cambie (y se convierta en el que les ha mostrado el ayahuasca) es mediante la dieta. Supongo que ese es el motivo por el cual vienen a dietar los extranjeros.

“Cómo nos siguen matando, pero de otra manera”

¿Qué piensas ahora del mensaje de tu abuelo respecto a la ayahuascaína?, ¿ese mensaje te hace comparar la antigüedad con la modernidad?

Si comparo la antigüedad y la modernidad me quedo en eso, en una comparación. Eso no es hablar de una experiencia, de vivir la experiencia, ya que cuando la vives, te das cuenta de que la modernidad y la antigüedad tienen el mismo propósito, pero se han desarrollado de maneras diferentes; es decir, la diferencia estriba en lo que han desarrollado en la antigüedad y en la modernidad: La ciencia moderna considera al ser humano como si fuera un motor. El motor tiene cilindro, líquido, todas esas partes que le permiten funcionar. Al ser humano también se le podría ver así: indagar en los componentes que le permiten funcionar como si fuese una máquina, como un robot. Y así es como la modernidad ha desarrollado las máquinas, ha desarrollado al ser humano como si fuera una máquina, para que ellos, los modernos, sean los creadores. Y por eso digo que están matando tanto. Y aquí también nos siguen matando, pero de otra manera. 

Decían los abuelos antiguos -“en un tiempo van a venir unos murciélagos con alas grandes, con cinco bocas de fuego y ya no habrá peces en los ríos ni ganado para cazar”. Son cosas que ellos contaban. Yo cada vez que tomo ayahuasca lo recuerdo. Y mirando la modernidad y la antigüedad ahora pienso que lo que decían se ha convertido en realidad. Por eso, en aquellos tiempos, muchos maestros o merayas, tenían miedo a “la raza” (ellos les llamaban “la raza gringa” a todos los hombres o mujeres blancas. Y justamente por eso prohibían que se compartiera este conocimiento o sabiduría con ellos, porque decían que ellos, “los gringos”, la iban a modernizar. Y efectivamente, la han modernizado). Ahora es una pena que ellos pretendan obtener, con su mundo científico y con los químicos, lo que nos queda: nuestra medicina y sobretodo el ayahuasca. La quieren volver polvo y suministrarla en pastillas; es una pena muy grande para nosotros. No me gustaría que mi hija, o mi hijo, tomaran ayahuasca en polvo, como si fuera un tecito. Porque ya no tendría su esencia. Prácticamente se estaría vendiendo el ayahuasca como si fuera una droga.

El ayahuasca se prepara con una dieta plena y tiene su proceso de preparación: se debe conocer en qué momento se debe preparar, cómo se van a extraer las plantas que se van a cocinar para la ayahuasca, a qué hora hay que hacerlo, si es luna llena, quién la va a preparar. Si la ayahuasca se prepara con respeto saldrá buenísima, pero si se prepara por compromiso (solamente porque van a pagar un dinero por ella) entonces no será buena: será brusca, violenta. Hay muchas maneras de preparar y de cuidar la medicina, pero hoy en día, justamente, los extranjeros pretenden cambiar esas maneras. Han puesto a los maestros y sus cantos en programas de retiros y pretenden decirles a los maestros cómo deben cantar, cuándo tienen que cantar, incluso hasta a qué hora tienen que cantar.

Ellos, los gringos, quieren manejarlo, pero lo manejan como si la medicina fuera una empresa. Así es la mente “gringa” que no conoce esta tradición y carece de respeto a los que saben de esta tradición.

Hoy en día, como los procesos de medicina tienen que seguir un programa, muchos maestros hacen el trabajo que les solicitan por cumplir y recibir dinero. De esta forma no se afianza el trabajo real. Es por eso que muchas personas se van con malas experiencia y dicen -“¿qué?.. ¿la ayahuasca es esto?… ¡entonces no vale!”.. “¡es una droga, me ha hecho sentir peor!”

Pero si un maestro, en lugar de someterse a un programa, se deja conducir por lo que las plantas le dicen, entonces la persona va a abrir todo su ser, hasta su raíz, hasta su esencia. De tal forma, yo a veces me pregunto ‘¿por qué el dueño de un centro, sin tener dieta, sin tener experiencia de años, propone cambiar nuestra ciencia, esta ciencia indígena, esta ciencia de las plantas? Por ejemplo, ¡hay dueños extranjeros de centros y albergues que te dicen que debes de cantar solamente tres minutos a cada paciente! Y así te vas dando cuenta que el extranjero puede llegar a pensar que el curandero es él. Él quiere decirte cómo ser un curandero, bien programado. Así es como nos están matando. Y como nos dejamos también, por esta economía. Porque a veces es más fácil cantar y llevarse el dinero. Un curandero que ya canta y toma ayahuasca ya no quiere hacer chacra,36 ya no quiere ir a pescar. Pareciera que come puro dinero. De esta forma nos siguen matando. Como que nos estamos dejando invadir por sus ambiciones, por sus egos que nos quieren decir cómo, supuestamente, mejorar nuestra práctica del curanderismo.

La palabra ayahuascaína hace pensar en la cocaína, ¿ves similitudes en esas dos historias de cómo unas plantas de uso tradicional indígena han sido transformadas? Yo he escuchado, gente del cerro en Perú, decir que la planta de la coca tiene dos lados, como los dos lados de sus hojas: de un lado es más verde y brillante y por otro lado es más gris y opaca; que el espíritu de la coca también tiene una parte de luz y una parte de oscuridad. Pero decían también que la cocaína ni siquiera es el espíritu oscuro de la coca, sino que es otro espíritu, ¿quizás como que la madre de la planta se ha ido y ha venido otro espíritu?

Exacto. Ese es el espíritu de la modernización y de los farmaquímicos: estudian las plantas y determinan que tienen no sé qué y no sé cuánto. DMT para el ayahuasca, por ejemplo. Pero las plantas no funcionan así, eso ya es algo artificial.

No, no tienen espíritu. Es necesario estar vivo para tener madre. Para funcionar bien se tiene que estar vivo, como un ser humano. La mente humana es muy creativa, puede crear mil cosas en un momento: puede crear amor, o guerra, o una piscina aquí en frente, ahorita. Al extraer los elementos de la ayahuasca y transformarlos en algo artificial, desaparecerá todo. Por ejemplo, ¿qué pasó con la famosa planta uña de gato? Todo el mundo decía “la uña de gato cura el cáncer” ¿por qué? porque, a mi entender, había curanderos que practicaban mucho ese tipo de sanación contra el cáncer. Me refiero a curanderos energéticos que sabían sobre las luchas de oscuridades y de luz, curanderos que son expertos en la medicina y en cómo prepararla. Eso no significa que un científico, un doctor, o un médico (que estudia a su manera, con otra teoría y otra técnica) vaya a hacer lo mismo que el curandero. Existe un conocimiento para cada uno. El médico naturista -o sea naturista en el ámbito amazónico- no se graduó de una universidad, sin embargo, cura. El naturismo, como lo entendemos en la Amazonía, significa que ese hombre en particular aprendió eso de esa manera. El médico naturista sabe cómo extraer esa planta desde el primer momento de su intención; él sabe porqué está sacando esa planta, y en qué momento habrá que sacarla. Por eso, en las dietas, es necesario dominar los sueños, la mente y la palabra. Porque la calidad de tu dieta es lo que te permite entender cómo acercarte a la planta, en qué momento, cómo sacarla y cómo esa planta puede curar.

“Ya no se mata, se transforma hasta que ya no es más

Como hemos hablado, tú estás administrando un proyecto, tu propio centro de sanación (Shipibo Rao), que pretende ser un puente entre temporalidades muy distintas, entre el mundo de los retiros y de las dietas programadas y esta forma de practicar y de curar que nos estás compartiendo. Distintas maneras de relacionarse al tiempo, de vivir con el tiempo: por una parte, las fechas de viajes, lógicas de programación y de resultados y por otra parte la temporalidad de una práctica en la que no se puede programar, solo se puede ir viviendo y descubriendo. Tú has dicho muchas veces: “estoy en el medio y lo siento físicamente”.

Yo creo que el mundo del dinero, de la comercialización, el mundo de las máquinas y de la programación aniquiló este tipo de método, este tipo de práctica, primero en Europa. Muchas personas fueron asesinadas precisamente por intentar defender esta forma de conocimiento. Quemaron a muchas mujeres quienes sabían de plantas y formas de curar. Eso sigue hoy en día, aunque la manera se haya transformado; me refiero a la forma como se erradica una práctica. Ya no se mata, se transforma hasta que ya no es más. Ahora nos siguen matando, aquí en Latinoamérica, pero de diferente manera. Ya no se trata de quemar a personas en hogueras, en Europa tampoco. Se hace de una forma más inteligente. Se está aniquilando nuestro conocimiento. Y así es como se llegará a la ayahuascaína. El conocimiento es lo que hay que defender. En el futuro hasta los indígenas van a modernizarse y tomarán esa ayahuascaína. Muchos indígenas ya están modernizados.

¿Qué es lo que pasa muchas veces cuando un extranjero aprende? (¡y esto me ha ocurrido tantas veces!) Pues que al rato ya te empieza a decir -“¡ah! yo esta ayahuasca la preparo, yo la hago. Si ese trabajo es solamente leña, esto y lo otro… yo lo hago”. Esa es la mentalidad gringa. En realidad, hasta para eso se tiene que formar a alguien para que pueda prepararla bien. Porque preparar ayahuasca alberga muchos secretos. Mucha dedicación. Cuando el maestro que cocina la medicina en Shipibo Rao se emborracha, por ejemplo, o sale a la ciudad y llega después de haber estando con una mujer, la ayahuasca sale super mala. Pierde su fuerza. Es un desastre: se vuelve brusca, oscura, fuerte, pero cuando la prepara bien, con su dieta, ¡pucha!, hasta el sabor del ayahuasca queda rico. Entonces son muchas cosas. Y muchas veces el extranjero cree saber. Él estudia cómo se realiza en la parte científica -que la ayahuasca tiene DMT, o sea esas cosas que dicen ellos, que la chacruna tiene esto, que puede ser así o así- y empiezan a preguntar -“¿qué tal si molemos la ayahuasca?, ¿y qué tal si la chacruna la hacemos en polvo?” Es decir, la quieren globalizar por todos lados. Quieren cambiar su forma, quieren cambiar la manera como se prepara sin pensar en las consecuencias que esas modificaciones pueden producir más adelante. Y sobre todo, sin respetar al curandero, que él, pobre, ha dietado tantos años para eso y simplemente llega alguien y le dice -“¿sabes qué? hay que hacerlo de otra manera”. Y el curandero acepta porque el extranjero le ayuda con dinero. Maestros y maestras están sufriendo porque tienen que vomitar durante su ceremonia, pero se aguantan porque según los empresarios extranjeros, que dirigen los centros o albergues, el curandero ya no debe de vomitar. Porque los extranjeros piensan que el curandero tiene que ser algo “puro”, quien “ya no vomita”, que “ya no tiene ningún tema que limpiar”. Sin embargo, la limpieza con plantas es parte del proceso de curación para todos, siempre. Es más, el curandero vomita lo que va sacando y alineando de los pacientes y de los que dietan39 y sobre todo de aquellos que cruzan sus dietas40. Pero para la mentalidad gringa el curandero es una persona que tiene que ser “pura”, que nunca toma coca cola, nunca come pizza, que come puro vegetal. Entonces muchos curanderos están allí aguantando vómitos, para que los extranjeros no digan -“¿ese curandero está vomitando también?, ¿igual que nosotros?”

Pero tampoco es malo todo lo que aportan los extranjeros. Ellos me han enseñado cómo trabajar, recibir y entender a los occidentales; cómo entender sus vivencias: con qué vienen ellos y qué se esperan. Y puede ser bonito ordenar al personal, ser puntal: si dices ocho en punto, es ocho en punto. Si es el almuerzo a las doce, doce está bien. En esa parte administrativa está muy bien. Eso a muchos de nosotros nos falta. Pero otra cosa es llevar ese mismo orden, o esa rigidez de los programas, al trabajo que nosotros hacemos. Porque el gringo muy rápidamente se piensa curandero, cree ser el maestro: quien puede ordenar y hacerlo todo. 

Enlaces de descarga del libro «Trabajar con las plantas que tienen madres. Diálogos con un onanya shipibo»

Ebook: https://heyzine.com/flip-book/0bcd25ebfe.html#page/1

PDF: https://shipiborao.com/wp-content/uploads/2024/05/0bcd25ebfe.pdf


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