«Terapeutas y chamanes ejercen una labor humanitaria dando psicodélicos a personas que sufren aun arriesgando su propia libertad»

Ediciones La Llave acaba de publicar ‘El viaje sanador’, primera edición en castellano de un libro clásico de Claudio Naranjo: ‘The Healing Journey’, publicado en inglés en 1973 y, sin embargo, de plena actualidad, ahora que por fin empieza a quebrarse el tabú de la investigación terapéutica con psicodélicos, campo en el que Naranjo fue pionero.

Nos ponemos al habla con David Barba, editor de La Llave y discípulo aventajado de Claudio. A través de sus palabras, David no sólo nos trae retazos de la sabiduría del maestro sino de la suya propia, tras décadas de profundo trabajo personal con la Gestalt, el budismo y, por supuesto, con los psicodélicos, incluyendo la ayahuasca.

¿Cuál fue tu relación con Claudio Naranjo?

Soy periodista y editor de Ediciones La Llave, un sello especializado en psicología transpersonal, meditación, Gestalt, psicodélicos y religiones de Oriente y Occidente. Mi vínculo con Claudio Naranjo ha sido de alumno, él ha sido mi mentor, un maestro para mí o más bien un anti-maestro, porque Claudio Naranjo siempre tuvo un palo de bambú en la mano con el que daba a sus alumnos, sobre todo a los más próximos. Este vínculo se fue haciendo mayor, me convertí en su editor, pasé diez años editando sus libros y aprendí mucho de este hombre, que fue alguien muy destacado, tanto en la California de los 60 como en la España de los últimos años, donde ha tenido un papel muy relevante en la difusión de la cultura de la terapia psicodélica y humanista, en general.

Sigue sorprendiendo el profundo conocimiento que tenía Claudio sobre los psicodélicos, especialmente sobre la ayahuasca.

Sí, Claudio recibió muy joven, en 1962, el encargo de Ricard Evans Schultes, que en aquel entonces era el director del Museo Botánico de Harvard, de ir a la selva colombiana para recoger muestras de la famosa Banisterioosis Caapi, es decir la liana de la ayahuasca. Claudio se adentró en la selva. Si bien es cierto que Spruce, Schultes y algunos investigadores alemanes habían hecho este recorrido anteriormente en busca de la enredadera, Claudio fue de los pocos blancos que se internó y conoció de primera mano la poción. A partir de ahí se convirtió en uno de los investigadores claves, no sólo de psicofarmacia -podemos hablar de su sociedad de diez años con el químico Shulgin– sino en psicoterapia, donde fue un pionero en el descubrimiento de las propiedades terapéuticas de varias sustancias psicodélicas.

Sin embargo, para Claudio, la ayahuasca era algo más que un psicodélico, tenía algo especial, era un “onirofrénico”.

Para Claudio, la ayahuasca es la sustancia que más pone a la gente en contacto con el cuerpo, con lo “organísmico”. En terapia Gestalt, donde Claudio fue un pionero junto con su maestro Fritz Perls y el primer referente mundial en las últimas décadas, es muy importante el concepto de “autorregulación organísmica”, es decir, que el cuerpo sabe lo que necesita el organismo para estar bien. De alguna manera, la ayahuasca es una sustancia muy importante en este sentido. El animal interior, que normalmente tenemos pisoteado, adquiere toda su dimensión en una experiencia de ayahuasca. En esa reivindicación del animal interior, en esa eterna lucha entre cultura y natura en la que está inmersa nuestra civilización occidental tecno-cientifista, Claudio intuía que había un gran potencial de sanación ahí.  La ayahuasca para él era la planta principal, como generadora de una imaginería fantástica que disuelve el ego desde el vientre (a diferencia de los psicodélicos clásicos, que lo disuelven desde la cabeza, o de los empatógenos, desde el corazón) y que “trabaja” con los impulsos animales.

¿Podemos decir que el uso de psicodélicos ya está impreso en el ADN de la Gestalt desde Fritz Pearls, no es algo de Claudio?

Yo creo que sí, entre otras cosas porque la Gestalt es una gran prostituta sagrada capaz de asociarse provechosamente con cualquier otra herramienta. Fritz Pearls fue un gran consumidor de LSD. La reinvención de la Gestalt californiana que llevó a cabo el propio Fritz Pearls cuando vio la deriva excesivamente psicoanalítica y conductual que estaban tomando sus discípulos en Nueva York, creo que ese contacto con el LSD y otras sustancias fue de una importancia capital, sobre todo porque hacía de la Gestalt la terapia de la contracultura y el puente entre lo terapéutico y lo psicodélico permitió establecer una cultura terapética psico-espiritual, una cultura donde la toma de una sustancia psicodélica no era un mero recurso recreativo sino que ponía en bandeja de plata el hacer un viaje hacia la conciencia profunda guiado por profesionales muy expertos en la salud mental y en el viaje de la vida, incluyendo el propio Claudio. Es en esa revolución cultural de los sesenta donde Claudio tiene un papel fundamental, junto a Allan Watts y muchos otros.

¿Cómo consigue esquivar Claudio y la Gestalt la prohibición de los setenta para continuar con la terapia psiquedélica?

Hay muchos psicólogos, terapeutas y también chamanes que durante décadas han ejercido una labor que yo tacharía de humanitaria aun a riesgo de su propia libertad para atender a muchas personas que sufren, necesitadas de un nuevo paradigma en psicofarmacia y en salud mental. Como todos sabemos, la farmacia psiquiátrica está muy atrasada respecto al resto de la medicina. No se ha inventado nada nuevo en 40 o 50 años, solamente disponemos de antidepresivos, antipsicóticos y poco más. La guerra contra las drogas, que es una guerra política y cultural, ha sido el impedimento de nuevas herramientas más potentes y más útiles para la salud mental. Y cuando hablamos de salud mental no sólo hablamos de salud individual, sino -uso este término que era muy grato a Claudio- de salud psico-espiritual y de la salud social, la salud de nuestra cultura. No hace falta ser muy listo para darte cuenta de que la salud de nuestra cultura está bastante decrépita, a no ser que seas Stephen Pinker y te creas que todo va bien.

En ‘El viaje sanador’, Claudio hace referencia a la “harmalina” más que a la ayahuasca. ¿Cuál era exactamente la sustancia que utilizaba en aquella época?

La harmalina es uno de los principios activos de la ayahuasca, junto con la harmina y la DMT. Lo que hizo Claudio fue conseguir harmalina sintetizada y trabajar con ella. En general, se ha considerado la DMT como sustancia principal y se han considerado como de “segunda división” la harmina, la tetrahidroarmina y la harmalina, que son principios activos de la Banisteriopsis, no de la Psichotria. Claudio estudiaba la harmalina porque pensaba que tenía mucho que decir esta sustancia y, efectivamente, se puede ver en el libro que es una sustancia potente, que lleva a visiones y sentires de un gran poder sanador, y Claudio se volvió un experto también en el uso de esta sustancia como también en el MDA, precursor del MDMA, MMDA y la ibogaína.

Es curioso cómo en Occidente le estamos dando un lugar preponderante a la DMT, cuando en la selva la ayahuasca es la que da nombre a la bebida, con lo que sus principios activos deberían ser más importantes.

Yo he tenido una experiencia, que yo sepa, con harmalina, porque a veces Claudio no te decía lo que estabas tomando, precisamente para evitar condicionamientos con una expectativa de resultados concretos. En una de las ocasiones pude identificarla y los efectos fueron muy diferente a la ayahuasca, y sus efectos son muy interesantes porque evidencia el ego, la neurosis, el dolor más estridente, y gracias a la harmalina experimentamos una sesión colectiva de puesta en evidencia de nuestra neurosis más explícita, con una dolorosa autoconfrontación. No fue una sesión de las que te vas al cielo, sino más bien un infierno o, al menos, un purgatorio.

Podemos decir que en la relación de Claudio con la ayahuasca hay una etapa anterior a la publicación del libro y otra muy posterior, a partir de los ochenta, cuando Claudio toma contacto con el Santo Daime.

Lo cierto es que su primer contacto con la ayahuasca es a través de la ciencia, con Schultes, o también con Leo Zeff, al que se conocía como el “jefe de los psicodélicos” en la California de los sesenta y, desde ahí, toma contacto con los indígenas kofan de Colombia, y acaba siendo reconocido como taita por los kofan y otras tradiciones, e incluso tiene un curioso intercambio de ayahuasca por papelitos secantes de LSD con resultados interesantes, que él describe en ‘Ayahuasca, la enredadera del río celestial’. Es entonces que toma contacto con el Santo Daime y lo integra en su trabajo. Es curioso que hoy en día hay daimistas en Brasil que forman su propia iglesia para poder trabajar en libertad con la propuesta psico-espiritual de Claudio Naranjo. En concreto, esa propuesta conlleva una integración muy poderosa al día siguiente a través de una amplia batería de herramientas de integración, desarrolladas en el programa SAT.

¿Qué iglesia es esta?

Se llama Centro Som de Despertar y está en Brasilia. En Brasil, el hecho de pertenecer a una iglesia te da protección legal. Claudio había tomado precauciones, había pasado momentos muy difíciles durante los años sesenta y setenta por culpa de la susodicha guerra contras las drogas, mientras en Brasil podía trabajar libremente y hacer su trabajo de manera legal.

¿Cómo era una toma de ayahuyasca con Claudio?, ¿en qué se parece y se diferencia de, por ejemplo, un “trabajo” del Santo Daime?

La toma del Santo Daime son muy estructuradas, en las que la experiencia colectiva tienen una gran importancia. En el caso de Claudio había varias fases: una era colectiva, reunidos en torno a él, donde se trabajaba con música clásica y también con cantos tibetanos, hay que recordar que Claudio era un erudito del budismo tibetano, ya que era un integrador entre la psicología occidental y las filosofías orientales, y en ocasiones también había algo de música de las religiones ayahuasqueras y sufíes. Él llevaba a la gente a territorios muy intensos a través de la música, y a partir de ahí había instrucciones concretas de meditación, que ya forman parte del “secreto terapéutico” del trabajo de Claudio, seguía un espacio para que cada cual pudiera elaborar individualmente la experiencia y, finalmente, había una parte de celebración colectiva… el que podía estar de pie, que no era todo el mundo. En los días posteriores, se dedicaba un amplio espacio a la integración de la experiencia.

¿Quién acudía a estas tomas?

Estoy hablando de tomas para personas que había tomado muchas veces con él, porque Claudio sólo invitaba a personas que tuvieran un trabajo previo con él o, cuando menos, un profundo trabajo terapéutico a tus espaldas: meditaciones budistas, del dzogchen, del sufismo, Vipassana… todo ello sumado con la inspiración de Claudio arrojaba momentos paradisíacos y también momentos infernales, pero muy bien aprovechados. El resultado era un trabajo profundo y extremadamente transformador, también en personas que otros terapeutas no se atrevían a aceptar en sus trabajos con psicodélicos por una pura cuestión de precaución. Es curioso que en más de cincuenta años de práctica terapéutica nadie había sufrido un brote psicótico, y lo sé porque se lo pregunté directamente. En los muchos años que estuve con él tampoco vi jamás un brote psicótico, y hablamos de miles de personas, lo que supone que hubiera sido casi “obligado” de que esto sucediera en algún momento.

Sin embargo, sigue siendo un tabú abrir la puerta de la ayahuasca a gente con síndrome bipolar o esquizofrenia.

Yo creo que él sabía lo suficiente como para asumir riesgos y, al mismo tiempo, yo no he visto nunca un entorno tan cuidado como en las tomas que organizaba Claudio Naranjo. Un entorno discreto, con los mejores psicoterapeutas a su disposición, y con su experiencia íbamos consiguiendo cosas que, espero, se verán en los próximos años.

No es muy común utilizar música clásica en las ceremonias de ayahuasca, pero Claudio ponía la Novena Sinfonía de Beethoven, una experiencia que debía de ser sobrecogedora.

Hay varias herramientas terapéuticas desarrolladas por Claudio, algunas no son aún conocidas porque él se preocupó mucho de proteger su trabajo. El eneagrama fue fusilado por miles de “eneagramistas” azucarados, como yo les llamo, en Estados Unidos de una manera bastante vergonzosa. Pero desde luego hay dos herramientas esenciales: una es la meditación interpersonal, que Osho tomó, popularizó y agradeció mucho a Claudio públicamente. La segunda es el uso de música clásica en el entorno psicodélico. Claudio Naranjo decía que los grandes compositores eran los ‘tulkus’ de nuestra cultura. Lo decía de Beethoven, de Brahms, de Mozart… de Bach, por supuesto, no de Wagner. Si nos fijamos en la vida de Beethoven vemos la historia de un viaje del héroe: la historia de un hombre que pretende “agarrar a Dios del cuello y retorcérselo”, según sus propias palabras en su etapa heroica, pero que poco a poco, a través de la sordera y del sufrimiento, se va dando cuenta de que la vida es otra cosa y, finalmente, cuando alcanza la madurez da sus mejores frutos. Y no es la guerra contra Dios sino esa inmensa oda a la Humanidad que es la Novena Sinfonía. Escucharlo bajo los efectos de la ayahuasca y sentir su efecto “organísmico”, recuperando de nuevo este término de la Gestalt. Lo mismo podríamos decir de Brahms, cuya Sinfonía Nº1 es quizá la obra más sublime jamás compuesta. Tiene sentido que toda esta herencia espiritual de Occidente se integre con la ayahuasca, y no, como parece, que tenga que estar en una urna de un museo con bolitas de alcanfor. Claudio lo entendía y lo aplicaba.

Collage de Lori Mena, vía Kahpi.net.

¿Qué más nos puedes contar sobre la sociedad que tuvo con Shulgin, el gran químico?

Fue un vínculo bastante peculiar. A mediados de los años sesenta comienza un vínculo entre Shulgin, Sargent y Claudio. Shulgin ha pasado a la historia como el gran diseñador de lo que hoy se conoce como “drogas de diseño”. En realidad, durante esta etapa, la más creativa de Shulgin, lo que hay en realidad es una asociación entre un químico y un psiquiatra especializado en psicofarmacia, como es Claudio Naranjo. Ellos son unos brutos que cuando diseñan una sustancia la prueban en su propio cuerpo para regular la dosis, es sorprendente que no se hubieran quemado el cerebro en los experimentos, porque suponen cientos y cientos de tomas de psicodélicos, de las que no sólo salen vivos sino con mejor salud. Después de la regulación de la dosis, Claudio se la da a un grupo de voluntarios para estudiar los efectos terapéuticos concretos de la sustancia, del MDMA al 2CB. Poco a poco van sacando más de 200 sustancias, un trabajo increíble del que sabemos pocas cosas, más allá de los numerosos artículos científicos que escriben. El problema es que acaban mal, rompen, y Shulgin niega completamente a Claudio e incluso en su libro ‘Tihkal’ lo deja a la altura del betún; asegurando que Naranjo no escuchaba a Schultes, cuando lo cierto es que tuvo una larga y provechosa relación profesional y de admiración con él. Creo que compitieron, que Claudio salió perdiendo y que Shulgin no fue honesto al no reconocer la labor tan importante de Claudio en la síntesis y análisis de los efectos terapéuticos de tantas sustancias psicodélicas.

Veo bastante ingratitud aquí por parte de Shulgin.

Claudio era un hombre muy tímido, que no se reivindicaba a sí mismo y especialmente en esta etapa de los años setenta, que atravesó de una manera muy discreta, después de una experiencia con Óscar Ichazo en el desierto, donde tiene una especie de iluminación. Después de aquello hace bastante ruido en California y a continuación apaga la luz, sale de la habitación y no se vuelve a hablar de Claudio Naranjo hasta mediados de los años 80 cuando llega España. Esta fase, que es una fase de noche oscura del alma, él se siente muy abandonado y nada reconocido por la comunidad psicodélica de California y por la comunidad transpersonal, de la que él es uno de los pioneros. No ha sido hasta hace poco que se ha recuperado la figura de Claudio Naranjo en California, a quien se tenía como una leyenda de los años sesenta, algo así como Castaneda, que fue su gran amigo, por cierto.

Quizá no hubiera sido tan tímido y sí algo más mesiánico, hubiera fundado su propia iglesia.

Yo creo que hubiera sido una gran idea y, de hecho, reivindico que la terapia Gestalt debería constituirse en una gran iglesia ya que los que pretenden que la psicología es una ciencia no respetan a las que llaman “terapias alternativas”, aunque la Gestalt no es una terapia alternativa, es una terapia. Sin embargo, en el mundo académico y cognitivo-conductual sí que hay un respeto hacia la religión, son como los dos hermanos saturnales: la ciencia y la religión, las dos bestias pardas que organizan el juego de nuestra cultura. Así que yo pienso que no es mala idea que la Gestalt acaba convertida en una iglesia, así nos ahorramos varios problemas frente a la mirada corporativa de los colegios profesionales y quien quiera podrá sacarse el carnet de la religión, e iremos a cantar a la iglesia, iremos desnudos y haremos orgías bajo los efectos de la ayahuasca y todo será pan y circo… estoy siendo irónico.

Por no hablar de la protección legal que hoy en día sólo tienen las iglesias ayahausqueras para importar ayahuasca y dársela a sus fieles como sacramento.

Es de risa. Esperamos que este panorama cambie y va a cambiar muy pronto porque el tema de la legalización de la MDMA y la psilocibina está muy avanzado en Estados Unidos y, si todo esto ocurre a mediados de esta década, acabará llegando a Europa este uso psico-terapéutico de los psicodélicos y, poco a poco, podamos dejar de vivir en esta especie de limbo en el que uno tiene que declararse fiel de alto para tener un consumo que ya de por sí es responsable. Tiene que haber un plus de responsabilidad para que algo que ha sido tan injustamente criticado por los políticos y los medios de comunicación llegue a tener el lugar en la sociedad y en la ciencia que merecen los psicodélicos. Esto ocurrirá, sin ninguna duda, y ahora es el momento en que va a ocurrir por fin.

Un pensamiento sobre “«Terapeutas y chamanes ejercen una labor humanitaria dando psicodélicos a personas que sufren aun arriesgando su propia libertad»

  • el 06/01/2021 a las 16:59
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    Un artículo muy interesante para dotarnos de claridad al momento de entender la ancestralidad de la ayahuasca y como nos apoya y ayuda a “estabilizar” a una sociedad bastante confundida como lo es la occidental.

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