Germà García, sociólogo intercultural y ambiental
En 1954 la prestigiosa arqueóloga estadounidense Betty J. Meggers publicaba el artículo Environmental limitation on the development of culture, en el que señalaba la escasa fertilidad natural del suelo amazónico como el factor limitante en el desarrollo demográfico de las sociedades humanas. Posteriormente, en 1971, Meggers ahondaba en la misma idea en el libro Amazonia. Man and Culture in a Counterfeit Paradise, afirmando que los suelos amazónicos, en su mayoría ácidos y pobres en nutrientes, no pudieron albergar una agricultura a gran escala, ni alimentar a grandes poblaciones con sociedades complejas.
El paradigma representado por Meggers, llamado determinismo ambiental, fue el predominante en la visión de las ciencias sociales sobre el pasado de la región amazónica hasta bien entrado el siglo XX. Y, de alguna manera, lo sigue siendo en el imaginario popular, en el que solemos pensar en las antiguas poblaciones amazónicas como pequeños grupos humanos, perdidos en una vasta inmensidad verde.
Aunque, por lo general, tal y como señalaba Meggers, la mayoría de los suelos amazónicos presentan altos grados de acidez y escasa presencia de nutrientes, ya desde las primeras décadas del pasado siglo se estudia un fenómeno que parece poner en cuestión los postulados del paradigma dominante.
‘Terra preta do indio’
La llamada tierra negra, conocida en Brasil como terra preta do indio, se caracteriza por ser uno de los suelos más fértiles del mundo. Y su origen, a tenor de las cada vez más numerosas evidencias científicas, parece ser el resultado de sofisticadas prácticas de los antiguos pueblos amazónicos que, como veremos, lejos de vivir atrapados en las limitaciones ambientales de la selva, lograron desarrollar en ella sociedades complejas.
Ya en la década de 1920, el etnólogo Curt Nimuendajú halló en zonas de tierra negra elementos arqueológicos de cultura material, tales como cerámicas, artefactos, así como restos de pozos y caminos. Tras veinte años de investigación, hacia 1949, llegaría a la conclusión de que todos aquellos elementos apuntaban a la existencia de asentamientos precolombinos sedentarios y densamente poblados. Sin embargo, durante las décadas siguientes, la mayoría de la comunidad científica, o al menos la más influyente, rechazó mayoritariamente su hipótesis.
Origen humano de las terras pretas
Se consideraba que la tierra negra era básicamente fruto de la aportación de sedimentos de los ríos amazónicos, restos de antiguas erupciones volcánicas o, incluso, acumulación de desechos no intencionados por parte de las poblaciones humanas. Por lo que habría que esperar a los albores del siglo XXI, con el desarrollo de nuevos paradigmas antropológicos y la mejora de las técnicas y materiales de investigación, para que el carácter antrópico de las tierras negras señalado por Nimuendajú fuera aceptado plenamente.

Más allá de estos debates académicos, la población amazónica actual conoce bien el valor de la tierra negra. Los campesinos la tienen en gran estima para enriquecer sus chacras y potenciar sus cultivos. Los terratenientes tratan de amasarla para asegurar la productividad de sus haciendas. E incluso grandes compañías agrarias, cuya presión por hacerse con este “oro negro” ha aumentado exponencialmente en los últimos años, llevan décadas tratando de replicar su fórmula sin lograrlo, a pesar de que los elementos que la componen no distan mucho de un compost moderno, a saber: restos agrícolas y de podas, desechos de alimentos, en especial raspas de pescado, fragmentos de cerámica, incluso defecaciones humanas y animales.
Biochar
Pero ¿qué convierte la terra preta en tan especial?
Una de las razones por las que los suelos amazónicos son pobres en nutrientes se halla en la enorme escorrentía que sufren debido a las habituales lluvias torrenciales del trópico, que arrastran minerales y materia orgánica de vuelta a los cauces de los ríos. Pues bien, la terra preta contiene un tipo de carbón vegetal conocido como biochar, obtenido en ausencia de oxígeno a través de una técnica llamada pirólisis, que es capaz de fijar grandes cantidades de minerales, otorgándole unos niveles óptimos de fertilidad. Cómo combinaban los antiguos pueblos amazónicos este tipo de carbón con el resto de elementos, para crear la terra preta, sigue siendo un misterio.

Pero la cosa no se queda ahí. A pesar de llevar siglos sin que nadie la mantenga, puesto que ni siquiera los pueblos indígenas actuales poseen ya los secretos de su creación, la tierra negra continúa estable y con sus propiedades activas, enriqueciendo la vida de la selva y logrando capturar grandes cantidades de carbono, convertida así en un auténtico sumidero de este gas potenciador del calentamiento global, característica que la hace especialmente útil frente a una de las principales problemáticas ambientales de nuestros días.
Tesoro de las culturas amazónicas
Se trata, por tanto, de un verdadero tesoro legado por las antiguas culturas amazónicas, cuyos creadores fueron víctimas de la colonización europea, en especial de unos visitantes inesperados que ésta trajo consigo; virus y bacterias de Eurasia y África que tuvieron un efecto devastador sobre los pueblos de las Américas. La viruela, el sarampión, la gripe, la fiebre amarilla o la malaria, enfermedades capaces de arrasar en pocos años con la mayor parte de la población amazónica original, llevándose con ella la memoria de saberes ancestrales que hoy apenas empezamos a vislumbrar, para reescribir el relato de un pasado amazónico en el que las poblaciones precolombinas recobren su verdadero protagonismo.
Bibliografía:
Betancourt, Carla Jaimes. Rostain, Stéphen (eds.) (2017) Las Siete Maravillas de la Amazonía precolombina. Plural editores.
Levis, Carolina (2018). Domestication of Amazonian Forests (Tesis doctoral. Wageningen University).
Mann, Charles (2006). 1491. Una nueva historia de las Américas antes de Colón. Editorial Taurus. México.
Meggers, Betty J. (1971). Amazonia. Man and Culture in a Counterfeit Paradise. Aldine&Athelton ed. Nueva York.
Mora, Santiago (2001). Suelos negros y sociedad:un sistema agrícola de entonces, ¿un sistema agrícola de ahora? En Mario Hiraoka, Santiago Mora (Eds), Desarrollo sostenible en la Amazonía ¿Mito o realidad? (pp. 31-46). Ed. Abya Yala.
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