«Hay quien se considera chamán porque ha hecho dos cursos de fin de semana»

El periodista, novelista y documentalista Alfonso Domingo (Madrid, 1955) probó la ayahuasca por primera vez a finales de los años 80 en la Amazonía. Tuvo una experiencia transformadora, tras la que vino una fase de proselitismo, intentando convencer a otros de probar aquella maravillosa mixtura. Ahora su actitud es muy otra: los abusos y «usos espúreos» que se están haciendo con la bebida sagrada le han hecho adoptar una actitud mucho más discreta, cercana al mutismo, en lo que concierne a la ayahuasca: «Hay que guardar silencio sobre la ayahuasca». En el tránsito ha publicado un libro sobre sus experiencias en el Amazonas, ‘La serpiente líquida’ (Punto de Vista Editores, 2018) y un documental homónimo. En ellos la ayahuasca no es protagonista, si bien atraviesa continuamente el relato de Domingo, como si fuera la serpiente del título.

Charlamos con Domingo sobre las plantas maestras, el capitalismo extractivista, los primeros pasos de la ayahuasca en España… y sobre Alfonso Graña, el aventurero gallego que fue cacique de los indios shuar en la década de 1930 y sobre quien escribiremos próximamente en el blog de la Plantaforma.

Aquí puedes escuchar la primera parte de la entrevista:

‘La serpiente líquida’ se publicó por primera vez en 2005 y se reeditó en 2018. ¿El documental viene antes o después? Cuéntanos la génesis del proyecto.

Empecé a viajar a la Amazonía a partir de 1986. Desde aquel año y de forma intermitente he ido viajando a varios puntos de la Amazonía. No he podido ir todos los años ni me la he recorrido entera, pues se trata de una cuenca enorme, de unos 8 millones de kilómetros. A principios del siglo XXI bajé el río Amazonas desde que empieza a ser navegable hasta su desembocadura. Utilicé medios locales, especialmente fluviales, pero también en moto, andando o en caballo. La recopilación de aquel viaje es ‘La serpiente líquida’, en forma de libro, que acaba en Belem do Pará, y un documental, que finaliza en Manaos.

El libro se publicó y por primera vez en 2005 por Alianza, y ha sido reeditado en 2018 por Punto de Vista, y aunque es un mundo que está cambiando muy rápido, creo que sigue de actualidad en muchas cosas. El Amazonas tiene esencias que parecen inmutables.

¿Fue la ayahuasca la que te llevó al Amazonas o el Amazonas el que te desveló la ayahuasca?

Yo llegué al Amazonas primero por los libros, como ‘Los pasos perdidos’, de Alejo Carpentier. Llegué primero a la cuenca del Orinoco, y más tarde al Perú y la cuenca amazónica. En aquellos libros ya aparecía el yagé y la ayahuasca, incluso se le llegó a llamar “telepatina”. Yo tenía la selva mitificada, posiblemente por los libros de aventuras. El mundo tiene dos paisajes extremos, la selva y el desierto, que tienen rasgos comunes, como la inmensidad o el poder de la naturaleza sobre el hombre.

¿Cómo te acercas por vez primera a la ayahuasca?

Una de las características de la selva son las plantas maestras. A mí la ayahuasca se me apareció tras una toma de San Pedro, le propuse grabar a un curandero que nunca se había dejado grabar hasta entonces. Me echó la caracola para conocer los augurios, y las tres veces le salió que sí y no tuvo más remedio que hacerlo. Una de las personas que acudió a aquella ceremonia fue Jacques Mabit, quien más tarde fundaría Takiwasi. En las entrevistas posteriores, fue Mabit quien me dijo que no había sentido mucho pero me habló de la ayahuasca, y me invitó a participar dos días después. Esa fue mi primera experiencia, con José Campos llevando la ceremonia, un curandero indígena que más tarde fue acusado de abusos sexuales. Aquella sesión fue absolutamente trascendental para mí, tal y como conté tanto en el libro como en mi novela ‘La madre de la voz en el oído’. Al día siguiente volé a Madrid, y tanto en el vuelo como al llegar a Madrid yo seguía teniendo visiones. Fue un regalo maravilloso que me hizo la planta, esas cosas que, si utilizas bien, te sirven para mucho tiempo.

¿Cuándo tuvo lugar la siguiente toma?

Me traje un frasquito a España con la ayahuasca que había sobrado de la ceremonia. La tomamos aquí con amigos, pero no hizo ningún efecto, así que concluí que tenía que ver con la sesión, el entorno y el manejo de ciertas energías que a mí se me escapan por completo. A partir de aquel momento empezó a llegar la ayahuasca a España, con Dacio Mingrone, que venía del [Santo] Daime, y de las personas que empezamos aquel grupo yo era de las pocas que ya habían tomado ayahuaca. El rito que traía Dacio era muy parecido al Daime, y a mí aquello me rebotó mucho. Yo había tomado planta con el rito peruano, que es como lo sigue haciendo hoy la gente de Hermanosis. Yo había tomado precisamente con Aquilino Chucandama, el abuelo de Winston Tangoa [primer maestro de los miembros de Hermanosis], que fue de los últimos chamanes auténticos que conocí, junto con Solón, de Iquitos. Al tomar con Dacio en España en 1989 me di cuenta de que los efectos de la planta eran similares a los que percibía en el Amazonas, de modo que ya no era el territorio sino una serie de factores coadyudantes. Ahí empezó un camino para hacer ver a Dacio que aquel diseño del Daime no era apropiado para aquel grupo, de modo que fue cambiando el ritual y la ayahuasca fue extendiéndose por todas partes. De hecho, cuando hice el viaje para preparar ‘La serpiente líquida’ me encontraba la ayahuasca por todas partes.

Volvamos a esa primera toma con Jacques Mabit. ¿Había abierto ya Takiwasi o recibió allí ese ‘mandato’ de la planta?

No. Él estaba en Lima y estaba buscando lugar para Takiwasi. Él acababa de recibir de la ayahuasca la revelación de que debía trabajar con adictos. La gente que está destinada a trabajar con la planta suele tener un encuentro con los espíritus guardianes en los que son ‘autorizados’ para utilizar la planta para ciertos usos y siguiendo una serie de reglas. Los siguientes viajes ya lo encontré en Tarapoto, empezando a crear Takiwasi, al principio con medios muy modestos, aunque luego fue creciendo. He tenido la suerte de seguir el proceso desde su génesis, así como la evolución de Jacques, que al principio era mucho menos religioso y ahora tiene una veta muy católica.

¿Crees, como dice Dennis McKenna, que el reino vegetal tiene un plan para nosotros y la ayahuasca es su embajadora ante los hombres?

Evidentemente, eso es una proyección, porque aunque uno pueda tener esas certezas durante las sesiones y pensar que el mundo vegetal está mandando un mensaje a la humanidad, lo cierto es que ese mensaje no está calando, en tanto el calentamiento global y la destrucción de la Tierra se produce a pasos agigantados. No sólo McKenna, sino muchos botánicos hablan de la conciencia de los bosques. Si a esa inteligencia le atribuimos un carácter casi mágico, uno puede pensar que -efectivamente- está mandando un mensaje. Pero, insisto, si es cierto que está mandando un mensaje, no está calando porque vamos cada vez peor, llegando a puntos irreversibles. Por otra parte, la ayahuasca se ha popularizado a nivel global y se ha producido un uso indiscriminado, e incluso un abuso. Todos tenemos en la mente casos como el de Ayahuasca Internacional o de ciertos individuos que utilizan la ayahuasca con fines espúreos.

En este tiempo yo he sufrido una evolución: me he dado cuenta de que el chamán no tiene por qué ser un ente místico o iluminado, sino una persona que maneja energías, y puede hacerlo hacia un lado o hacia otro. La ayahuasca tiene también esa dualidad: puede darte pistas sobre tu vida o tu misión en la vida, pero puede hacerte la vida imposible o rechazarte. Yo dudo de que exista un plan de la naturaleza; estamos en una especie de suicidio colectivo programado. Vamos al desastre. Quizá se reaccione ante la mirada del abismo, pero yo tengo mis dudas. Me gustaría pensar que McKenna está en lo cierto, pero tengo mis dudas.

¿Cómo estás viviendo la explosión de la ayahuasca a nivel mundial y el impacto que está teniendo en las comunidades originarias del Amazonas?

Mal. Entre otras cosas he colaborado con Carlos Suárez, que tiene varios libros magníficos sobre el uso y el abuso que se está produciendo con la ayahuasca. Suárez ha aportado para el documental algunas imágenes en HD para complementar las mías, y los dos hemos reflejado lo que está pasando. Cuando el deslumbramiento por la ayahuasca se produce en el mundo occidental es una bomba de relojería. De alguna manera, esto lo hemos potenciando quienes hemos tenido estas experiencias. En un momento determinado, recuerdo que dije “Hay que guardar silencio”, y hay que comunicar las cosas únicamente a la gente que puede hacer buen uso. Eso ha sido imposible y ahora se ha producido una sobreexplotación que afecta sobre todo a la liana, y el chamán ha empezado a tener un poder desmedido, que en ocasiones le ha llevado a lucrarse e incluso a perpetrar abusos sexuales.

Ahora hay quien se considera chamán porque ha hecho dos cursos de fin de semana con la ayahuasca. Esto es la perversión total. Yo entrevisté en Ecuador a don Sabino, un curandero que había estado 30 años dietando en la selva, sin conocer mujer, para poder ejercer su labor de curandero. Se está produciendo un abuso muy contraproducente, pero parece que es el sino de los tiempos. Esa popularización hace cosas buenas en la conciencia de la gente, y, por otro lado, produce problemas a otros, porque faltan filtros, esa dieta mínima de cinco días, los días después para integrar la experiencia… a veces la gente sale volteada de la ayahausca. Lo último ha sido la visión de Will Smith, a quien la ayahuasca le dijo que su vida iba a ser un infierno. Pero es que la ayahuasca no te dice eso, sino que te da pistas para que puedas aprovecharla lo mejor que puedes. Desde luego, yo no animo a nadie a hacer una experiencia con ningún grupo, al menos que yo conozca, y de los que conozco, con muchas reservas, porque se usan otras sustancias y potenciadores que a mí me parecen, cuando menos, conflictivos. Yo al final tomo con un grupo de gente que nos conocemos hace muchos años, con un rito muy laico, místico si quieres pero sin mucha trascendencia, porque hay que quitarle trascendencia a todo esto. Lo que está pasando en el mundo va hacia la expansión comercial, crematística y produciendo efectos nocivos. Parece que todo lo que toca la sociedad blanca acaba contaminado.

[La segunda parte de la entrevista versa sobre Alfonso Graña, el mal llamado ‘Rey de los jíbaros’, a quien dedicaremos el próximo artículo de la Plantaforma. Si te ha gustado este artículo y quieres que sigamos publicando otros, hazte socio o invítanos a un café].

Enlaces:

‘Cuando a la ayahuasca se le llamó ‘telepatina”, Plantaforma, 22 de junio de 2020.

«Para lograr un salto de conciencia vamos a necesitar millones de barriles de ayahuasca», Yorokobu, 3 de octubre de 2014.

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