«Las plantas maestras pueden paliar la crisis de salud mental de los olvidados por el sistema de salud de EEUU»

«Las plantas maestras pueden paliar la crisis de salud mental de los olvidados por el sistema de salud de EEUU»

En julio de 2019, la ciudad de Oakland (California, EE.UU.) aprobó por unanimidad una moción para descriminalizar el cultivo y el consumo de ayahuasca, peyote, iboga y hongos alucinógenos. Aquella iniciativa fue posible gracias al tenaz trabajo de educación y ‘lobby’ de un joven movimiento con el apropiado nombre de Decriminalize Nature, al frente del cual estaba un californiano de sangre mexicana, Carlos Plazola, que apenas unos meses antes había tenido su primera experiencia con plantas maestras, concretamente con hongos psilocibe. Aquel viaje iniciático sirvió para cauterizar un trauma intergeneracional, relacionado con la explotación de sus ancestros chicanos en EEUU.

Desde aquel éxito inicial, el movimiento no ha dejado de crecer y ya se extiende por más de 100 ciudades de Estados Unidos -donde ha conseguido la despenalización de las plantas maestras en 14 ciudades– y ya está presente en otros países, «igual que setas brotando de un micelio», nos explica Plazola en esta entrevista vía Zoom entre Oakland e Ibiza.

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50 años después, llegan los primeros intentos de poner fin a la ‘Guerra contras las Drogas’

50 años después, llegan los primeros intentos de poner fin a la ‘Guerra contras las Drogas’

El pasado 10 de junio se cumplieron 30 años desde que el presidente Nixon declarara la “Guerra contra las Drogas”. En un discurso especial ante el Congreso, prometió una respuesta federal coordinada a la drogadicción, que describió como una “emergencia nacional” que “destruye vidas, destruye familias y destruye comunidades”.

Cincuenta años, cientos de miles de millones de dólares y millones de muertos después, Estados Unidos no sólo no la logrado ganar la “guerra contra las drogas” sino que ha sumido al mundo entero en una cruzada de destrucción, dolor e inseguridad y que, lejos de resolver el problema, ha creado otros impensables hace medio siglo: emporios criminales capaces de doblegar estados, una población reclusa que no deja de aumentar (especialmente en los Estados Unidos) y la criminalización de los consumidores, convertidos en víctimas colaterales de un problema que se ha enfocado desde la represión y la moral, en lugar de hacerlo desde la ciencia y la salud.

Sin embargo, algo empieza a moverse en Washington y también en el Reino Unido, país que secundó desde el principio la infame “guerra contra las drogas” con la ley ‘Misuse of Drugs Act’ de 1971.

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